La Semana Santa conmemora cada año la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. Son fechas importantes para la cristiandad por lo que todas las denominaciones cristianas tienen actividades que giran en torno a esos hechos. Sobresalen las tradiciones católicas como las procesiones, famosas mundialmente.

_EAG0993Pero es necesario tomar un momento para meditar sobre la esencia de estos días. En la iglesia católica el Triduo Pascual es el tiempo central de la Semana Santa y del año litúrgico. Comprende desde la tarde del Jueves Santo, cuando concluye la Cuaresma, hasta la madrugada del Domingo de Pascua, en que empieza el tiempo pascual.

El Jueves Santo se recuerda la última cena de Jesús, la institución de la Eucaristía y del Orden Sacerdotal, así como el mandamiento del amor. El Viernes Santo es un día de meditación sobre la pasión de Jesús, con la Celebración de la Pasión, que no incluye la Eucaristía.

Sábado Santo se vive sin celebraciones litúrgicas en recuerdo de la muerte de Jesús, hasta la celebración de la Vigilia Pascual. ya por la noche o madrugada del domingo, en la que se vive con solemnidad la resurrección de Jesús, y que es el acto litúrgico católico más destacado.

También en otras iglesias

Otras religiones también cristianas aprovechan la semana para rememorar la pasión de Cristo. Según explica Marco Antonio Rodríguez, ex presidente de la Alianza Evangélica de Guatemala y actual presidente de la Alianza Cristiana y Misionera, cada iglesia organiza sus propias actividades. “Algunas aprovechan que hay asueto para ir a campamentos o retiros, hay opciones incluso según las edades”, explica.

EVANGELICOS02En general, los miembros de la iglesia cristiana evangélica se congregan en una jornada de oración y adoración desde el jueves santo. En estas actividades suele haber grupos artísticos de música y teatro, además para ellos es fundamental la vigilia, es decir, pasar una noche en vela y adorando a Dios.

Algunos conmemoran la muerte del Señor Jesucristo a través de la reflexión individual por medio de encuentros personales, también hay bautizos. Otros hacen cultos o reuniones especiales más concurridas.

“Es de reconocer que muchos solo se dedican a descansar o a visitar a sus familias. Sin embargo, es una época para recordar el amor que Dios le tuvo a los hombres al entregar a su único hijo para que muriera por nosotros”, señala.

Rodríguez explica que este amor de Dios lo conmemoran todo el año, pero que en estas fechas es cuando hay actividades especiales. “Todos los cristianos, aunque estén en otras actividades, deben tomar un momento para reflexionar, mejor si orando y leyendo la biblia, en especial Isaías 53. Es importante recordar cómo se redimió al mundo con la muerte y resurrección de Cristo”, señala.

“Además se debe no solamente adorar al Jesús que sufrió y se sacrificó, debemos celebrar que resucitó, celebrar a un Dios vivo”, finaliza.

La importancia de la Pascua

El arzobispo de Guatemala, Óscar Vian Morales, señaló en una homilía reciente que este es el “tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada creyente.  La renovación personal y comunitaria, hermanos y hermanas, es Pascua; dejémonos amar por el Señor, dejemos que el Espíritu haga su obra en nuestra vida”.

Dijo, además, que nosotros somos el nuevo pueblo de Dios, somos el pueblo de la Alianza, Cristo con su sangre la ha sellado para siempre. La obediencia en la Sagrada Escritura no es sometimiento, no es esclavitud, no es masoquismo, sino una acción liberadora, es una opción de vida que da plenitud. En cumplir la voluntad de Dios debe estar nuestra alegría.

Recordó además que gracias a la muerte de Jesús el mundo tiene vida. “El amor de Dios por el hombre llega hasta el extremo de donar a su Hijo. El gesto de servicio de Jesús por la humanidad es la entrega de su vida para engendrar la vida verdadera”, señaló.

290313_0371Pero para servir a Jesús los discípulos tendrán que seguirlo, seguir sus mismo pasos, estar dispuestos a beber del cáliz que el beberá, y morir como el morirá. “Antes de llegar a la gloria tendrán que recorrer el camino de la cruz. No hay cristiano sin cruz, no puede haber gloria sin sacrificio, no hay Pascua sin Cuaresma”, explicó.

El arzobispo también enfatizó que debemos recordar lo que la Biblia nos dice de la actitud de los discípulos: todos se excusaron o negaron ser los amigos del Maestro, a excepción de Juan que permaneció junto a la cruz. Aquellas palabras de Pedro “te seguiré a donde quiera que vayas”, o las de Tomás de “vayamos a morir también nosotros con Él” quedan en intenciones que no se hacen realidad, porque cuando ven que las promesas implican incluso morir se retractan. “Debemos preguntarnos ¿en qué grupo nos encontramos nosotros? ¿Estamos al lado de Jesús?”, señaló.

No basta conmemorar la pasión

El Papa Francisco dedicó la catequesis de la Audiencia General del pasado miércoles al verdadero significado del Triduo Pascual, para invitar a los fieles a no limitarse solo a conmemorar la Pasión del Señor sino entrar en el misterio y hacer propios los sentimientos y actitudes de Jesús, “como nos invita a hacer el apóstol Pablo”, dijo según Radio Vaticana.

Entre otras cosas, el Pontífice hace énfasis en que en la liturgia del Viernes Santo meditamos el misterio de la muerte de Cristo y adoramos la Cruz. “En los últimos instantes de vida, antes de entregar el espíritu al Padre, Jesús dijo ‘Todo se ha cumplido’. ¿Qué significa esto? Significa que la obra de la salvación está cumplida, que todas las Escrituras encuentran su pleno cumplimiento en el amor de Cristo, Cordero inmolado. Jesús, con su Sacrificio, ha transformado la más grande iniquidad en el más grande amor”, explicó.

Papa Francisco“Qué bello será que todos nosotros, al final de nuestra vida, con nuestros errores, nuestros pecados, también con nuestras buenas obras, con nuestro amor al prójimo, podamos decir al Padre como Jesús ‘¡Todo se ha cumplido!”. Pero no con la perfección con la que lo dijo Jesús sino decir ‘Señor, he hecho todo lo que podía hacer’. Adorando la Cruz, mirando a Jesús, pensemos en el amor, en el servicio, en nuestra vida, en los mártires cristianos. Y también nos hará bien pensar en el fin de nuestra vida. Ninguno de nosotros sabe cuándo sucederá esto, pero podemos pedir la gracia de poder decir ‘Padre, he hecho todo lo que podía hacer. ¡Todo se ha cumplido!’”, refirió.

El Papa Francisco dijo además que el Sábado Santo es el día en el cual la Iglesia contempla el “reposo” de Cristo en la tumba después del victorioso combate en la Cruz. “En el Sábado Santo, la Iglesia, una vez más, se identifica con María: toda su fe está recogida en ella, la primera y perfecta discípula, la primera y perfecta creyente. En la oscuridad que envuelve la creación, Ella se queda sola para tener encendida la llama de la fe, esperando contra toda esperanza en la Resurrección de Jesús”, recordó.

Dijo que en la grande Vigilia Pascual, en la cual resuena nuevamente el Aleluya, debemos celebrar a Cristo Resucitado, centro y fin del cosmos y de la historia. Debemos vigilar plenos de esperanza en espera de su regreso, cuando la Pascua tendrá su plena manifestación.

“A veces, la oscuridad de la noche parece que penetra en el alma, a veces pensamos ‘ya no hay nada más que hacer’, y el corazón no encuentra más la fuerza de amar. Pero precisamente en aquella oscuridad Cristo enciende el fuego del amor de Dios: un resplandor rompe la oscuridad y anuncia un nuevo inicio, algo comienza en la oscuridad más profunda”, aseguró.

“Nosotros sabemos que la noche es más noche y tiene más oscuridad antes que comience la jornada. Pero, justamente, en aquella oscuridad está Cristo que vence y que enciende el fuego del amor. La piedra del dolor ha sido volcada dejando espacio a la esperanza. ¡He aquí el gran misterio de la Pascua! En esta santa noche la Iglesia nos entrega la luz del Resucitado, para que en nosotros no exista el lamento de quien dice ‘ya’ sino la esperanza de quien se abre a un presente lleno de futuro: Cristo ha vencido la muerte y nosotros con Él”, afirmó.

“Nuestra vida no termina delante de la piedra de un Sepulcro, nuestra vida va más allá, con la esperanza al Cristo que ha resucitado, precisamente, de aquel Sepulcro. Como cristianos estamos llamados a ser centinelas de la mañana que sepan advertir los signos del Resucitado, como han hecho las mujeres y los discípulos que fueron al sepulcro en el alba del primer día de la semana”, concluyó.