Podría ser un secreto a voces, pero en los últimos años circularon rumores sobre el precio que podrían tener las casillas privilegiadas para optar a una curul en el Congreso de la República.

Esta semana, la vicepresidenta Roxana Baldetti, manifestó que esta situación se da, aunque asegura que eso no ocurre en el Partido Patriota (PP), agrupación por la que resultó electa en 2003 y que la llevó a la vicepresidencia de la República en 2011.

Baldetti asegura  que una casilla en el departamento de Guatemala puede costar hasta Q5 millones y según el departamento y el lugar que ocupan esto puede alcanzar los Q2 millones, Q3 millones o Q4 millones “por adelantado”, enfatizó.

Una fuente consultada por República.gt, que tiene acceso a la formación de cuadros en un partido, explicó que lo anterior se da en casi todos los partidos políticos, principalmente los que tienen más posibilidades y en los que no, se negocian otras cuotas de poder “y lo hacen por medio de favores clientelares y de otras formas antiéticas”, citó por ejemplo, que hay incluso, favores sexuales entre hombres o mujeres de por medio en esas “negociaciones”.

Otro es que piden favores que a través del financiamiento se compromete al candidato a que responda con favores consistentes en contratos de obra gris y de tal cuenta, a las arcas de los partidos ingresan montos millonarios.

Si lo anterior se comprueba, no habría manera de justificar una inversión de este tipo con el salario que tienen los diputados, a razón de ingresos mensuales de Q29 mil, lo que en cuatro años se traduce en Q1 millón 392 mil en cuatro años sin prestaciones de ley. ¿Es suficiente eso para asegurar una reelección?

Las aseveraciones de la vicepresidenta, quien también se desempeñó como secretaria general del partido en el gobierno, fueron negadas por los dirigentes de las principales agrupaciones políticas, quienes afirmaron que se basan en la meritocracia y el trabajo para asignar las curules.

Carlos Barreda, dirigente de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), describió que en ese partido se regionaliza el trabajo, los candidatos se dividen en municipios y les piden ciertas metas o resultados, eso implica abrir sedes, colocar dos vallas por municipio y tener actividades semanales y mensuales.

“No se vende la casilla, se hace un compromiso de inversión y ahí depende de la capacidad de gestión que tenga el candidato porque si puede, puede conseguir donaciones y eso es la capacidad de conseguir apoyos”, manifestó.

Leonardo Camey, diputado de Libertad Democrática Renovada (Lider) dice que en esa agrupación los espacios ganados se deben al trabajo. “Así ha funcionado siempre, en ningún momento he dado un centavo”.

Aporte a caudillos

Cristhians Castillo, analista del Instituto de Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos de Guatemala (IPN-USAC) aseveró que han identificado que los financistas aportan una cantidad de dinero a una campaña nacional y eso les da el derecho de piso para incidir en los listados.

“Aparte de los gastos de funcionamiento, ya en el periodo de campaña las definiciones de candidaturas se hacen con el aporte de caudillos. Es un secreto a voces que el financiamiento llega al partido y una parte es para la campaña nacional, otra para la distrital y la última para el candidato”, aseveró Castillo.

El ejemplo que da el experto es la declaración de probidad que presentó el presidente Otto Pérez Molina a la Contraloría General de Cuentas (CGC), y en la cual reportó un pecunio de Q9.1 millones. “¿De dónde sacó eso si no trabajó doce años estando en campaña?”, cuestionó