Carnaval en SAT. Capturas de funcionarios y exfuncionarios de SAT. Otras pendientes.

He expresado en mi blog y varios espacios más, que se ha buscado en los últimos años convertir a SAT en un ente represor y mecanismo para presionar a enemigos o estorbos… como la propia competencia comercial que pueda existir. La corrupción es siempre un precio a pagar por esos mecanismos.

Hay acciones que indican que vamos por mal camino en materia de política fiscal:

  1. Los decretos 4-2012 y 10-2012 en cuanto a las facultades legales dadas a SAT. Se deja de estar en un campo de “derecho tributario” para legalizar un “terrorismo fiscal”. El paradigma tras las reformas en estos decretos es que el contribuyente es un ladrón. Se dan facultades para que SAT “muerda y presione” más duro -eufemismo para menos legal- al contribuyente que ya paga.
  2. No hay ningún esfuerzo por incorporar nuevos contribuyentes en esas reformas.
  3. El 10-2012 elimina la planilla del IVA y reduce la tasa impositiva de las personas individuales a niveles bajísimos. El ISR corporativo sube por subida de tasas y restricción de gasto, no por facilitación y el de personas crea un incentivo negativo a la tributación, pues evita que los contribuyentes individuales sean fiscalizadores de otros contribuyentes. La planilla del IVA lograba ese efecto. Se logra ver así una baja en la recaudación del IVA y en la facturación en general.
  4. Crea, el 10-2012, una ley de aduanas inoperante, abusiva, discrecional e infuncional. Tanto que tuvo que ser reformada en su totalidad por otra no menos abusiva y discrecional. ¿Qué efectos tiene esto? Facilita el contrabando “por aduana”. Efecto que el cruce de información de importaciones Banguat y SAT deja ver claramente.
  5. Crece el mercado informal o bien se consolida. Al no existir la presión de contribuyentes requiriendo facturas, se fomenta el mercado informal, lo cual, a su vez, facilita la comercialización de bienes contrabandeados.
  6. Creación de procedimientos antojadizos en ventanillas de la propia SAT que hacen altamente oneroso trasladarse a la formalidad.
  7. Creación de un Impuesto Sobre la Renta que aumenta el costo de cumplimiento, evita la incorporación de nuevos contribuyentes. Eso permite a los grandes contribuyentes, quienes pagan más del 80% de la tributación y -3000 contribuyentes- ser los únicos con capacidades económicas de funcionar legalmente en el país.
  8. Se desnaturalizó la función del Directorio de SAT. Deja de ser un ente técnico para convertirse en un instrumento de recaudación. Ahora tenemos que evitar que se elijan a nuevos directores con las mismas agendas de los otros funcionarios que hemos visto se han elegido bajo este gobierno.

No es un “fortalecimiento de SAT” lo que se necesita, sino un cambio de paradigma que implique:

  1. Simplificación del sistema.
  2. Bajar los costos de cumplimiento. Menos trámites, menos requisitos, menos desconfianza hacia el contribuyente.
  3. Gasto público únicamente en 2 ó 3 funciones indispensables; gasto transparente y eliminar la percepción de corrupción.
  4. Dejar de pretender contratar a compañías extranjeras. Nuestra SAT es la administración tributaria más cara de Latinoamérica, o por lo menos de las más caras.
  5. Otorgarle verdadera independencia a SAT y dotarle de un cuerpo rector técnico o bien obligarle a seguir criterios judiciales que eviten discutir por siempre lo mismo.
  6. Dejar de pretender tener leyes tributarias de países con economías desarrolladas y amplias y pudientes clases medias, para voltear a ver modelos fiscales-tributarios de países que estuvieron quebrados y lograron fomentar crecimiento de sus clases medias y eficiencias en sus recaudaciones.