En Guatemala existe una institución que históricamente se ha caracterizado por ser el paladín de la república. Esta institución ha jugado un papel determinante en los momentos de crisis política y desastres naturales. Se ha mantenido firme en el corazón de los ciudadanos a pesar de los constantes ataques que ha venido sufriendo a lo largo de los años, muchos de ellos provenientes de sectores radicales y con pasados terroristas convertidos en “defensores” de “derechos humanos, pueblos indígenas y el medio ambiente”.  La institución a la que me refiero es el Ejército de Guatemala. Hoy en día es aún de las instituciones con mayor aprobación y confianza entre la población.

En tiempos difíciles se ha caracterizado por ser la institución determinante para inclinar la balanza a favor o en contra de cambios políticos históricos. Entre las situaciones que cabe destacar están: la revolución del 20 de octubre de 1944, el retorno al orden con el golpe de estado del Coronel Peralta Azurdia en 1963, el golpe de estado de los oficiales jóvenes y valientes el 23 de marzo de 1982 en contra de un gobierno corrupto y criminal donde se llama al Gral. Ríos Montt y se derrota militarmente a la guerrilla, el golpe de estado del 8 de agosto de 1983 en el que se remueve del cargo al General Efraín Ríos Montt e inicia el ordenamiento y transición hacia los gobiernos civiles gracias al gran esfuerzo del General Mejía Víctores y finalmente el retorno al orden constitucional luego del intento de autogolpe del expresidente Jorge Serrano Elías el 31 de mayo de 1993.

Durante todo este tiempo el ejército jugo el papel determinante de paladín, es decir, defensor del sistema republicano cuando las instituciones y poderes encargados de hacerlo necesitaron respaldo o fueron cómplices del sistema. Todo esto se hizo durante épocas muy turbulentas en las que se libraba una lucha en defensa del Estado de Guatemala, en pleno cumplimiento de su deber constitucional, contra grupos terroristas que fomentaban el odio, la división, y anhelaban imponer un sistema totalitario marxista en Guatemala.

A partir de la firma de los Acuerdos de Paz Firme y Duradera el Ejército ha sufrido muchos ataques desde todos los frentes con el fin de desmoralizarlo, desnaturalizarlo y politizarlo. Cabe mencionar que los Acuerdos de Paz son inconstitucionales y fueron rechazados por la mayoría de la población en consulta popular, pero aun así los volvieron ley por conveniencia política.

Hoy nos damos cuenta de la degeneración del gobierno de Guatemala. La mayoría de los políticos actuales no son servidores públicos sino traidores. Quien roba del erario nacional es un vil traidor y merece el peor de los castigos. Considero que se ha llegado al límite del descaro y de la traición. Los tres poderes del Estado de Guatemala le han fallado al pueblo y ninguno goza del beneplácito popular.

Es momento de tomar medidas drásticas para proteger nuestra república. Considero que el mejor camino en esta situación es la renuncia del liderazgo político de los tres poderes y las cúpulas de todas las instituciones, incluyendo al Ejército. Luego la transición del poder protegiendo la Constitución a través del Ejército para integrar una junta de gobierno con notables seguido de un período de transición. Se le vedará la participación a cualquier político que haya participado en estos años de gobiernos corruptos y los candidatos actuales. La mayoría de ellos no tiene el más mínimo interés en el bienestar de Guatemala. No podemos esperar más ni condicionar el futuro de nuestro país con la participación de entes extranjeros con agendas ocultas. Me pregunto, ¿Qué hará el Ejército? ¡Que renuncien los traidores! ¡Que viva la República de Guatemala!