La indignación social que vive la población guatemalteca, como resultado de la flagrante falta de valores y de ética que se evidencia en los sucesos reportados durante los días recién pasados y actualmente, es auténtica, sincera y correcta. El rechazo a la corrupción es instintivo de las personas de bien, quienes gozan de ética, virtudes y valores dentro su propio yo.

 

La corrupción, que nace de la carencia absoluta de fibra moral, no es exclusivo de Guatemala. Hector Schamis, en su columna del 25 de abril en “El País” comenta que la corrupción “Describe a la vasta mayoría de los gobiernos latinoamericanos”…continua… “La corrupción se ha naturalizado, y la línea que separa la legalidad de la ilegalidad se ha hecho flexible y porosa. Quienes ocupan las alturas del poder se han eximido a sí mismos de la terrenal obligación de rendir cuentas, de responder por los actos de gobierno. Con el contagio se ha generalizado la impunidad.”

Es fácil la identificación de los corruptos con este retrato hablado.

 

¿Porqué el crecimiento exponencial de la corrupción? ¿Es por el acceso a la información con la velocidad del pensamiento?, o la absoluta ausencia de las virtudes.

 

Los valores, que son la evidencia visual de las virtudes, responden al sentido de ética. Aristóteles, en Ética a Nicómaco, citado por Savater, dice que el fundamento de la ética radica en “la obligación de atender a los deberes que los seres humanos tenemos hacia el resto de los seres humanas.” Se considera al otro como el fin, y no como herramienta, de satisfacción de las necesidades propias. ¿No debe ser eso la finalidad del servidor público? Las autoridades en todos los niveles de jerarquía tienen la obligación moral y legal de atender al bienestar de los ciudadanos.

 

Y se retorna a los conceptos básicos de moralidad y el obrar correctamente. La pregunta Socrática, ¿Dónde se aprenden los valores? Es labor de un centro educativo, es labor de la familia, es labor de la sociedad?

 

La ética, dice el Papa Francisco, en Evangelii Gaudium, “crea un equilibrio, un orden social más humano.” En este orden el ser es más importante que el tener. Erich Fromm, en su obra insigne, enfatiza que la trascendencia humana se basa en el desarrollo del alma y el espíritu, elementos que definen a la persona. La persona no es más porque tiene más, indistinto a la procedencia de las cosas materiales. “La sociedad occidental en la que se vive ha hecho creer que ser es tener, que es indispensable adquirir muchas cosas para ser, como si el individuo que no posee nada no fuera nadie. Y aunque es necesario tener cosas para subsistir no es lo que da sentido a la vida, como el ser.” Santillan, Miguel

 

¿Se aprenden los valores, la ética? El proceso de aprendizaje entra por los sentidos, las percepciones. Piaget lo universalizó en sus observaciones a sus hijos, que fueron la base de su filosofía pedagógica. Vigotsky estableció que la vida con la familia y el par, provee el ambiente de aprehender la socialización correcta, los hábitos de respeto, tolerancia, paciencia, y demás conductas positivas que llevan a la convivencia pacifica en la sociedad. Se aprende viviéndolos.

 

La primera escuela es el hogar; los primeros docentes son los padres. La vida moderna exige ahora que ambos padres de familia deben trabajar; los niños se quedan a cargo de terceras personas. El aprendizaje no solo es académico, es afectivo. Se requiere una concientización de lo correcto y lo incorrecto, y el fortalecimiento de la voluntad. Todo esto idealmente en el hogar.

 

Se tiene la libertad de elegir el propio comportamiento, con total consciencia de la responsabilidad que se adquiere. ¿Cómo lo hace cada persona? Qué le guía?

 

No se conoce cuál fuese la fuente causal de la actuación de los corruptos; el porqué de la visible necesidad insaciable de tener, no de ser, cuando la real y verdadera riqueza es ser. Es responsabilidad ciudadana vivir el buen ejemplo y rechazar lo incorrecto.

La avaricia y la paz se excluyen mutuamente” E. Fromm