El Papa Francisco estuvo muy activo la semana pasada. El martes 28 de abril saludó en privado al Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki Moon, quien asistía a la sede de la Pontificia Academia de las Ciencias a inaugurar la cumbre “Proteger la tierra, dignificar a la humanidad. La dimensión moral del cambio de clima y el desarrollo sostenible”, un seminario que forma parte de la estrategia del Vaticano a favor de la lucha contra el cambio climático.

 

Al evento asistieron personajes de la altura de Jeffrey Sachs, economista y vocero global del alarmismo ambiental y Rafael Correa, presidente ecuatoriano, cuyo desempeño en pro del socialismo del siglo XXI continua generando millones de pobres en aquel meridiano país. Destaca también la participación de la organización Religiones por la Paz; una organización “religiosa” cuya sede ocupa, desde luego, el noveno piso del edificio de Naciones Unidas en New York y que aglutina a varias religiones en el mundo: católica-romana, protestante, budista, hindú, católica-ortodoxa y judía, entre otras.

 

Esta alianza ONU-Vaticano para nada es novedad ni rareza. Es más, es una alianza natural. Quiero creer que las motivaciones del Vaticano son genuinas pero de parte de la ONU para nada; por este medio he denunciado insistentemente cómo el IPCC (la instancia que dentro de la ONU se encarga del cambio climático) ha sido descubierta en flagrante manipulación de datos para justificar la “teoría” del cambio climático generado por el ser humano. Esto lo debería saber el Papa y ante semejante evidencia debiese de abstenerse de sumarse a causas perversas.

 

Por otro lado, los bienes de la tierra deben administrarse responsablemente y ello efectivamente entraña un carácter moral, no sólo por el mero hecho de ser parte de la Creación sino porque aquellos bienes finalmente los tenemos en común el género humano y para el género humano.

 

Si la actividad humana está causando degradación y deterioro ambiental es necesario implementar medidas para evitarlo pero el carácter moral implícito nos obliga a hacerlo responsablemente. El problema es que estos paladines de lo ambientalmente-moral, ahora incluído Francisco, basan su discusión y soluciones en una teoría cada vez más cuestionable y lo peor es que rechazan cualquier disidencia, como si la ciencia no estuviese sometida constantemente al rigor de la prueba-y-error. ¿Porqué no invitar a esta cumbre a científicos como Willie Soon y Craig Idso, a religiosos como Calvin Beisner o el Rev. Robert Cirico, a políticos como Christopher Monckton o Václav Klaus y a economistas de la talla de Gabriel Calzada o Terry Anderson? ¿Ignorancia o falta de humildad?

 

Habrá que hacerle saber a Francisco y a toda la jerarquía de la iglesia católica, que la emisión de carbono está directamente relacionado con la prosperidad del mundo. A mayor consumo/emisión de dióxido de carbono mayor es la esperanza de vida al nacer, menor es la mortalidad infantil y mayor es el ingreso per cápita (Fuente: http://www.Gapminder.com). Que la revolución tecnológica y la innovación pueden ser bastiones importantes en la reducción de la pobreza y la miseria y que no per se constituyen una amenaza para la humanidad. Que la desigualdad, que tanto rechaza, la riqueza o el lucro no son malos en sí mismos, que sólo produciendo se enriquece a los demás y que, al mejor estilo de Dios, a su imagen y semajanza, debemos crear y producir primero para luego poder ser solidarios materialmente con los demás.

Habrá que decirle también que las medidas que emanarán de aquella cumbre, y que seguro darán fundamento a su próxima encíclica o exhortación papal sobre el clima, repercutirán en más estatismo y que eso sí es inmoral, porque accionar medios compulsivos contra actividades no intrínsecamente criminales, como el comercio, es inmoral e injusto. Lo que Sachs y Ban Ki Moon pregonan son gobiernos más grandes que siempre demandan más impuestos, robando legalmente el fruto del esfuerzo, ingenio y creatividad de las personas. Y que ello es la causa de la falta de inversión y empleos y, en consecuencia, de más pobreza, marginalidad y violencia. Si lo que preocupa al Papa es la miseria en el mundo, la mejor forma de colaborar será exigir que los gobiernos dején de “enseñorearse” (Marcos 10:42) sobre las naciones, y por supuesto, deberá dar el ejemplo al no permitir que aquellos “que dictan leyes injustas y prescriben la tiranía” (Isaías, 10:1), como Correa, influyan sus exhortos.

 

“No darás falso testimonio” manda el octavo mandamiento (Éxodo 20:16) y lamentablemente ni Francisco ni sus asesores están dándonos el ejemplo. Desde este espacio, exhorto a la jerarquía de la iglesia católica, en especial a la de Guatemala y América Latina, y a las demás religiones del mundo por la paz que se acojan a los dones de prudencia, ciencia y entendimiento para saber guiar a sus fieles en estos tiempos. Y si estás interesado en influir directamente te invito a visitar http://www.Heartland.org y revisar cómo puedes decirle a Francisco, al sacerdote de tu comunidad, a tú ministro o a tú pastor, lo que piensas y lo que esperas de su liderazgo espritual.

 

 

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Jorge David Chapas es guatemalteco y empresario forestal. Fundador y CEO de Rana, amigo del CEES y del PERC.