Dígame, ¿realmente quiere usted que se acabe la corrupción? ¿Los plantones en la Plaza Central, son para que se termine la corrupción o para sacar a los corruptos de turno y así cederle el lugar a los nuevos que los sustituirán?

¿Realmente cree usted, que aquellos que han invertido millones en campañas políticas, si llegan al poder, no van a ver como recuperan lo invertido y como se hacen de varios millones adicionales? ¿Realmente cree usted que los que llegarán al poder serán castos y puros, o pillos que habrán aprendido la lección de esta crisis, y robarán con más discreción?

Nuevamente le pregunto, ¿realmente quiere usted que se acabe la corrupción? ¿Realmente se siente indignado por el saqueo al país? ¿O es sólo una molestia pasajera que se alivia abucheando y rechiflando al mandatario de turno, como se hizo con el anterior, y el anterior a éste y a todos los que le antecedieron?

¿Realmente quiere que se acabe la corrupción o quiere olvidar el asunto? ¿Quiere olvidar que quienes pueden, le roban a los ciudadanos, para que los que vienen sigan robando? ¿O realmente quiere que no haya quien pueda robarle?

Pregunto de nuevo, ¿realmente quiere usted que se acabe la corrupción? ¿O cree en verdad que la actuación de su próximo gobernante, siempre sabio y ecuánime, y la de sus no menos angélicos servidores, los burócratas, evitará las perniciosas consecuencias de la corrupción?

Si quiere que se acabe la corrupción, ¿por qué acepta que se le conceda a un fulano el poder de interferir con su actividad mercantil? ¿Por qué acepta que este fulano tenga el poder de retrasar la venta de su producto hasta cuando a él se le dé la gana? ¿Cederá ante la presión de este fulano o preferirá ver que su producto perecedero se pudra antes de sacarlo al mercado? ¿Por qué acepta que este fulano tenga el poder de exigirle dinero a cambio de dejarle llevar a donde usted quiera sus compras?

Si de verdad quiere que se acabe la corrupción, lo que tiene que exigir, no es el cambio de unos corruptos por otros, sino la eliminación de las aduanas. La corrupción tiene su origen en las estructuras del sistema, sin importar cuantos mecanismos de control se le pongan. Cuando el mercado es de favores, los ofertantes son siempre funcionarios, vistas, contralores, fiscales, policías, y jueces; aquellos que tienen el poder de hacerle la vida difícil al comprador.

Cuando existen esos puestos, con esos poderes, ¿a quién cree que van a atraer? ¿Quiénes van a querer conseguir tal posición? ¿Cuánto estarán dispuestos a invertir para gozar de tal poder? ¿Cuánto van a invertir para que usted, sí, usted, con su voto los ponga allí? ¿Atraerán esos puestos a los honestos y honrados, a aquellos laboriosos que quieren crear riqueza produciendo bienes demandados, o a los ladrones deshonestos, ávidos de quedarse con una parte del dinero que el Estado expolia? Total, si el Estado va a repartir ese dinero entre otros a discreción, ¿por qué no han de incluirse los sinvergüenzas a sí mismos dentro de los beneficiados? Al fin y al cabo, pueden, pues el sistema los pone en la posición de hacerlo.

Por eso, si quiere terminar con la corrupción, exija la eliminación de las aduanas. Sin esa estructura, ya no hay hueso por el cual se peleen los mangantes. Les quita la oportunidad de robarle a usted.

¿Qué eso no se puede, dice? Piense que en la Unión Europea ya no existen aranceles. Allí usted puede comprarle a otro en otro país y recibe su producto sin problemas, como cuando usted compra en la tienda de barrio.

¿Qué eso no se puede, dice? En Estados Unidos usted compra de un Estado a otro sin aranceles ni aduana, Estados que muy bien podrían ser países cada uno. Guatemala es más o menos del tamaño de Nevada, menor que Alaska, Tejas, California, Montana, Nuevo Méjico, Arizona, y mayor que cada uno de los cuarenta y tres Estados restantes. Así que no es cuestión de tamaño.

¿Qué eso no se puede, dice? Pues recientemente decidieron los gobiernos Centroamericanos la eliminación de aduanas en Centro América. Si la medida es buena, ¿por qué no liberar del todo al ciudadano? ¿Por qué no permitirle a cada quien comprar y vender a quien quiera y en donde quiera sin la amenaza de la extorsión?

Si realmente quiere que se acabe la corrupción, exija la eliminación de las aduanas. ¿O es que realmente no quiere acabar con la corrupción? ¿Acaso sólo quiere que roben con discreción, para que usted no se dé cuenta, para que usted finja que tiene un gobierno ejemplar?

Piénselo, ¿realmente quiere que se acabe la corrupción?