La semana pasada, en Chile, tras una serie de escándalos e investigaciones de corrupción en el gobierno, la Presidenta de ese país, Michelle Bachelet, anunció, de forma “sorpresiva”, que había pedido la renuncia de su Gabinete en pleno y que en un lapso de setenta y dos horas, luego de una revisión profunda, daría a conocer la integración del nuevo equipo que le acompañará en su administración. Ese nuevo gabinete fue presentado el pasado lunes. Pero, más allá de las renuncias y con el objetivo de tomar control de la crisis, Bachelet también anunció el impulso de una serie reformas institucionales entre las que se incluyen el fortalecimiento del Servicio Electoral y el Tribunal Calificador de Elecciones, la transparencia en el financiamiento a los partidos políticos, así como el inicio, en septiembre próximo, de un proceso Constituyente, que tendrá su punto de llegada en una nueva Constitución. Nuevas reglas pues…

 

Chile es una democracia y con una clase política con mayor madurez y visión de Estado –claro, no exenta de males como la corrupción-; por el contrario, en Guatemala tenemos una “democracia electoral” y, con sus raras excepciones, lo que prevalece es un grupo de “mercaderes de la política”, que más parecen agentes de intereses oscuros que, literalmente, han capturado y secuestrado el Estado. Digo lo anterior, porque en el contexto de la crisis por el escándalo de corrupción del #CasoSAT, fue necesaria la presión ciudadana en las calles y los mensajes desde Washington para que, luego de 23 días, se lograra la dimisión de la Vicepresidenta de la República.

 

Pero la renuncia no es suficiente y tal como lo señalará la Conferencia Episcopal, en un comunicado, es necesario que “quienes se han enriquecido con actos de corrupción devuelvan lo robado”[1]. Y, hay que ir aún más allá, además de Justicia, se necesita impulsar una serie de reformas institucionales como la Reforma a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, un paquete de medidas contra la corrupción y, claro está, reformas la Constitución Política de la República. Un proceso de esta naturaleza parece casi “inviable” con un Gobierno con sus índices más bajos de popularidad y credibilidad y con una clase política más interesada en las elecciones de septiembre.

 

En este contexto, quien salga designado de la  terna que conocerá el Congreso de la República, para ocupar el cargo de Vicepresidente de la República, debe tener la capacidad de generar “confianza” no solo para con el Presidente, sino para con diversos sectores, ya que es posible, incluso, que quien sea designado “le toque” llevar en andas al actual régimen para que llegue hasta el “14 a las 14”… Además, nuestros ojos también deben estar en la #CICIG y el #MP para que demuestren, con pruebas sólidas, si lo que dijo el Fiscal de la FECI, el pasado 16 de abril, se sostiene, en el sentido de que el nombre de la ex Vicepresidenta “sale sobrando”… en el marco del #CasoSAT ¿Qué tal si, al final, no “sale sobrando?

 

Por lo anterior, nuestros ojos también deben estar en el Organismo Judicial, un poder del Estado que, ya se sabe, no está exento de la penetración de mafias e intereses oscuros. Y esto debe hacerse porque, sin lugar a dudas, la mayoría en el OJ la tienen los buenos y no las “manzanas podridas”.

 

Por otro lado, aun cuando la renuncia de Roxana Baldetti se percibe como un acto para “controlar y evitar más daños”, para este sábado 16 de Mayo, se espera una gran concentración, sin precedentes en la historia reciente, en la denominada #marchapacifica donde la voz de los #indignadosguate se volverá a escuchar nuevamente y con mayor fuerza. Pero esta vez las voces de rechazo e indignación parece que no se concentrarán en el gobierno central, sino que se extenderán al Congreso y a toda la “clase política” que ya anda en campaña, pidiendo el voto para septiembre.

 

De hecho, es precisamente a aquellos políticos que, por ahora, van encabezando encuestas, a quienes más les interesa que la agenda ciudadana deje de centrarse en el #CasoSat y se de paso a la “agenda electoral”. Un crecimiento de la protesta social de los #indignadosguate, que ya se demostró que va más allá de los cascos urbanos, no le conviene, para nada a quienes ya se hacen en el poder (para muestra hay que ver lo que los #indignadosguate dijeron a políticos en Antigua Guatemala y en Sololá, el pasado fin de semana).

 

Este despertar ciudadano es una oportunidad para sanear el sistema político del país. Es, también, una oportunidad para que el ciudadano elija de mejor manera y con una visión más crítica e informada, a aquellos políticos que irán a ocupar la Presidencia, el Congreso y las municipalidades -el Parlacen, en sus circunstancias actuales, sí “sale sobrando”…-.

 

Eso sí, la renuncia no es suficiente. Esa parece ser la conclusión de los #indignadosguate y quizá el inicio de algo más grande, que lleve a cuestionar: ¿y qué tal se suspenden las elecciones?… Total, en la “fauna política” que se vislumbra, lo que se tiene es un poco más de lo mismo…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] Fuente: http://www.iglesiacatolica.org.gt/20150507.pdf (consultada el 11-V-2015).