En muchos lugares de Guatemala hay madres solteras, viudas y familias pobres que no tienen dinero para sus necesidades, no digamos las básicas, sino de supervivencia.

No tienen dinero, pero tienen TALENTO. Sí, Dios les dio no uno sino varios talentos y les podemos ayudar a desarrollarlos y convertirlos en su propiedad privada. O saben cantar, o ser comediantes, o sembrar, cuidar enfermos, cocinar, o habilidades para comprar barato y vender caro, etc. Cualquier talento lo pueden convertir en su moneda de cambio, en su dinero, pero sin dinero no se pueden satisfacer las necesidades.

Hay personas a quienes el gobierno les facilita servicios públicos, como: educación, salud y seguridad, pues el gobierno no puede hacerlo sin dinero. Hay ancianos sin pensión, sin seguro, que no tienen familiares que hagan algo por ellos, hay niños abandonados por sus padres o que los perdieron, y no tienen a nadie. Es justo que el gobierno vele por ellos, pero no podrá hacerlo sin dinero.

Y qué decir de las instituciones, como los tribunales de justicia, el ministerio público, y todas las que tienen que ver con la justicia, no pueden ni existir ni funcionar sin dinero.

Dinero, dinero, dinero, dinero.

¡Qué materialista! No, no soy materialista, todo lo contrario pongo a Dios antes que todo, pero soy realista.

Ese dinero, al que le debemos dar valor en dinero y emocional, sólo lo vamos a conseguir si somos una Guatemala fuerte, confiable, segura, próspera. Porque si la ley, que es la única que tiene el poder y los ciudadanos los únicos que ejercemos ese poder, entonces habrá confianza en que en Guatemala se respeta al individuo y a su propiedad privada, sea este un inversionista o un obrero, un promotor de espectáculos públicos o un artista, un propietario de colegio o un maestro, un director de escuela pública o el conserje de la misma. Nuestra máxima es, ¡Igualdad ante la ley!

Igualdad, igualdad, igualdad, igualdad.

Si hay igualdad, crecerán las inversiones propias y extranjeras. Y, con ello, las fuentes de trabajo, el empleo, y con ello la riqueza del individuo, y con ello la riqueza de todos.

Si el gobierno le regala algo a usted, ya no lo está tratando igual. Le está dando preferencia. Lo está denigrando y le está garantizando que nunca tendrá nada, sólo desesperanza, porque siempre estará esperando que las cosas se las de regaladas el gobierno. Exija el mismo trato para usted y exíjalo para su vecino, para su paisano, para todos. Exija empleo, si usted trabaja está vendiendo su talento y comprando dinero en efectivo. Si usted trabaja consigue dignidad, le da un propósito a su vida y, con esperanza, construye su futuro.

Hay desigualdad económica, hay unos pocos que tienen mucha riqueza y muchos pobres que no tienen nada. Pero esa no es la única desigualdad, hay desigualdad en todo. Todos los talentos son desiguales. No debemos ver la desigualdad de talentos como injusticia sino como realidad. No tenemos que quitarle su talento al que lo tiene en exceso sino facilitar para que el que no tiene también tenga.

Pero no nos engañemos y no nos dejemos engañar. No habrá una piscina para cada uno, no habrá un avión para cada gente, ni siquiera habrá un carro para cada guatemalteco. En lugar de eso procuremos agua entubada para cada hogar, aunque sea por turnos; transporte colectivo decente, seguro y a buen precio, igual los centros educativos y los de salud. Luchemos para que hay cero asesinatos, cero extorsiones, cero estafas, cero corrupciones.

Como iguales ante la ley, como individuos libres, y como ciudadanos que ejercemos el poder y tomamos las decisiones, podemos dar un salto de calidad en nuestra vida. Saltemos de ser el guatemalteco que espera regalado a ser el guatemalteco que tiene empleo, de ser el guatemalteco que espera de otros a ser el guatemalteco que espera de sí mismo.