Los últimos acontecimientos políticos de nuestro país parecieran presagiar un cambio de grandes proporciones para Guatemala. Este cambio es distinto a los propuestos por agrupaciones políticas, académicas y otras instituciones. Es un cambio que comenzó a surgir de un malestar generalizado y frustración con la situación de zozobra constante, abuso de autoridad, y corrupción rampante en el Estado. Este sentimiento generalizado surge del fondo del corazón de cada ciudadano individual. No conoce límites ni divisiones; sean estos ideológicos, sociales o étnicos. Este nuevo amanecer republicano busca generar una depuración general en el Estado, una reingeniería al sistema de justicia y a mi entender, la aplicación general de las leyes a todos los ciudadanos y funcionarios por igual.

Lo que no había logrado hacer ningún político, funcionario, o líder desde la revolución del 20 de octubre de 1944 lo ha logrado hacer la ineficiencia del sistema bajo el que vivimos y el descaro de las autoridades actuales. Digo que estamos haciendo historia porque las condiciones parecieran dadas para que se haga una revisión detallada y objetiva del contrato social suscrito entre los habitantes y el Estado.

Como es de conocimiento popular, habrá grupos de interés y políticos que buscarán el protagonismo en estos momentos. Estos grupos y supuestos líderes intentarán montarse a la ola de cambio político generada por la ciudadanía con tal de alcanzar sus fines personales. Por esa misma razón debemos estar más vigilantes que nunca para impedir que estos grupos o personas intenten desviar la intención de los ciudadanos que buscamos un cambio trascendental, apolítico y general. Urge cambiar las reglas actuales del juego. Considero que la forma más sana de llevar a cabo este cambio es presionando al Congreso de la República para que cumpla con lo establecido en la propia Constitución y conozca las iniciativas de reformas parciales a la Constitución Política de la República. Especialmente la propuesta de Pro Reforma, la cual a mi parecer, es la más objetiva, neutral, y contiene modificaciones que fortalecerían el sector justicia fomentando también la igualdad ante la ley. De implementarse estas modificaciones se daría una reducción en las condiciones que fomentan el endeudamiento y la corrupción.

Considero que el momento es propicio ahora. No nos conviene dejarnos engañar por los mismos políticos de siempre y personas inescrupulosa que utilizan al Estado para hacer negocios, proteger sus industrias o lucrar bajo las banderas étnicas, ambientales y de Derechos Humanos. No conviene una Asamblea Nacional Constituyente porque entonces le estaríamos dando poder ilimitado a las mismas personas que pretendemos remover del poder para hacer una Constitución a su medida y antojo.

En estos momentos nos conviene más como ciudadanos presionar al Congreso para revisar las iniciativas ya presentadas, que se voten y sean sometidas a consulta popular. De esta forma lograremos cambios importantes en el corto, mediano y largo plazo sin comprometer nuestro futuro poniéndolo en las manos manchadas de funcionarios corruptos con intereses obscuros. Entre los cambios que debemos hacer también son las modificaciones a la Ley Electoral y de Partidos Políticos. Urge modificar esta ley para que cualquier ciudadano pueda participar en política, los partidos no reciban dinero de los contribuyentes y que los ciudadanos podamos elegir representantes por nombre y apellido en distritos uninominales para impedir que los corruptos sigan enquistados en el sistema.

Me alegra mucho ver que como ciudadanos estamos ganando fuerza y escribiendo la historia de un país que merece un futuro mucho mejor que el presente que estamos viviendo. Guatemala es un país con mucha riqueza, habitantes trabajadores y un futuro prometedor. Lo primero que debemos hacer es quitarnos los plomos de encima removiendo a los corruptos y no votando por partidos conocidos por su irrespeto a la ley y hambre de poder.