Usted se ha preguntado: ¿Compro un carro u opto por usar el transporte público? ¿Debo tener siempre lo más nuevo? ¿Agradezco por lo que tengo? Tal vez nosotros, en especial los jóvenes, no nos damos cuenta, pero nos hemos introducido en esa actividad de adquirir y consumir de forma inmoderada. Ya que, es mejor tener muchas cosas, que tener tan sólo las suficientes. Entonces, ¿todo aquello que consumimos, sin que sea realmente necesario para nuestra supervivencia, puede considerarse como un exceso? ¿O este tipo de consumo responde a nuevas necesidades?

 

En la actualidad guatemalteca, hay personas que tienen a su alcance todo tipo bienes para su consumo y servicio: que satisfacen necesidades básicas, como los alimentos, las prendas de vestir y medicinas, hasta lo más superfluo, como los relojes inteligentes, un jacuzzi, etc. Por otro lado, la mayoría de las personas en este país simplemente no vive así, esa no es su realidad. Ellos se despiertan todos los días, muy temprano, para ocuparse –durante todo el día- en conseguir los productos básicos de consumo, mejor llamados de primera prioridad, porque sin estos bienes indispensables, no pueden sobrevivir. Las personas pobres en nuestro país únicamente tiene un techo de lamina, para no mojarse; su vestimenta para salir y comida mínima, para no morirse de hambre. A ellos no les importa, en lo absoluto, tener lo mejor o lo más nuevo, al contrario entre sus intereses se encuentran: ahorrar sus recursos, compartir el transporte y demás acciones que verdaderamente importan, como lo es el compartir, ser amable, honesto y valorar a la gente por que le es y no por lo que tiene.

 

El consumo que efectuamos en la actualidad ya no tiene como objetivo cubrir necesidades básicas o satisfacer deseos; sirve para distinguir a las personas entre sí, demostrando aun más el sistema de clases sociales que forma nuestra sociedad, el cual deviene, en parte, del consumo desenfrenado que manifiesta determinado “status quo”. Además es indudable que nos estamos desviando como individuos: hay pocas personas que aun se enfocan en los valores morales y éticos. La mayoría solo se enfoca en lo que tiene y lo que no tiene –lo material es lo más importante. Es tiempo de dejar a un lado ese tipo de actitudes y tomar nuevas posturas; como la de apreciar a la gente por sus valores, inculcados en casa y escuchar las opiniones de todos, ayudar a los más necesitados y, de una vez por todas, comenzar a guardar esa conducta fraternal entre sí.