Por: Cesar Sigüenza

Finalmente la ciudadanía guatemalteca, después de muchos años sin lograrlo, observa como una movilización y expresión de sus malestares, tiene eco en la realidad política del nacional

 

Desde hace mucho, demasiado, los distintos grupos que conforman la sociedad guatemalteca no se manifestaban con un objetivo en común. Esta apatía sostenida, incluso hizo pensar que la falta de organización centralizada sería una falencia que no dejaría que los guatemaltecos vieran concretadas sus solicitudes.

 

Sin embargo, para suerte de todos los guatemaltecos de bien, las exigencias de los indignados sirvieron para empujar a las autoridades a actuar y hacer que las investigaciones y procesos penales por corrupción siguieran su curso, cuestión que trajo aparejado que, a pocos días del inicio de las manifestaciones, la solicitud que se veía como imposible se diera, es decir, que en la tarde del viernes 8 de mayo el Presidente hiciera pública la renuncia de la ex Vicepresidente.

 

Después de la aceptación de la renuncia, la tortuosa conformación de la terna final para la elección del nuevo vicepresidente y de los complejas negociaciones políticas de las distintas bancadas representadas en el Congreso, finalmente el día 14 de mayo se eligió a Alejandro Maldonado Aguirre como la persona que finalizará el periodo de gobierno.

 

Pero este cambio no es suficiente, cosa que el guatemalteco tiene claro. Los distintos grupos de la sociedad guatemalteca ya se plantean, contrario a lo que algunos analistas opinaron al inicio de las manifestaciones, qué hacer y qué solicitar de cara al futuro. Es decir, la ciudadanía logró identificar que más allá de las personas, Guatemala necesita un cambio de fondo.

 

Dentro de los diversos grupos que se suman a las expresiones ciudadanas, existe una gran diversidad, cosa que muestra la legitimidad de la misma, pero que también representa un reto de cara a lograr los consenso para los futuros pasos.

 

Sin embargo, y aprovechando el cambio generacional, se observa una luz de esperanza en medio de este panorama, pues de manera madura y responsable, los guatemaltecos están intentando dejar de lado sus diferencias y enfocarse en sus necesidades y peticiones en común.

 

Tal es el caso del grupo de estudiantes universitarios que, dejando de lado algunas de las grandes diferencias históricas de sus antecesores, pero sin menospreciar sus valores, se han dado a la tarea de promover la unidad del joven estudiante para que, desde la academia, nazca una posible propuesta.

 

De hecho, ya se organizan foros interuniversitarios en busca de una hoja de ruta y una agenda priorizada. Sin duda este fenómeno es una avance importante en términos sociales.

 

Este ejercicio, el de los universitarios, no solamente parece estar bien enfocado, sino que puede servir para que otros sectores lo repliquen, cosa que lograría una verdadera unidad nacional y un verdadero motor de cambio.

 

Parece ser que sin pensarlo y por suerte para los guatemaltecos, después de el panorama gris que se vislumbraba para las elecciones que se realizarán este año, existe la ventana de oportunidad de exigir a los actuales y futuros gobernantes, que más allá de sus promesas de campaña, cumplan con las exigencias de las personas a quienes se deben, que son los guatemaltecos.

 

En otras palabras, ya sabemos qué hacer después de la renuncia, ahora vamos por los