Siempre he sido partidario de la conversación y dialogo objetivo. Recuerdo muy bien que en la biblioteca de la universidad donde estudie había una frase de Thomas Jefferson que decía “tolerar todas ideas siempre que la razón quede libre para combatirlas”. Esta frase me impacto desde la primera vez que la leí y he tratado siempre de ponerla en práctica. Esta frase comenzó a resonar en mi cabeza durante la manifestación del 25 de abril cuando vi con mis propios ojos y sentí en carne propia el clamor del pueblo reunido exigiendo el cese de la corrupción y la renuncia de la ex vicepresidente Roxana Baldetti.

Durante dicha manifestación estábamos unidos bajo una misma bandera personas de distintos pueblos, grupos sociales, grupos ideológicos y de edad. Manifestamos juntos personas que bajo otras circunstancias probablemente nunca habríamos coincidido. Pero los caminos de la vida se conectan y cruzan de vez en cuando de formas misteriosas. Fue allí, durante esa manifestación que comencé a analizar las demandas y exigencias de los distintos grupos. Luego, durante la manifestación del 16 de mayo aproveche para ponerle más atención a las peticiones y a las ideas expresadas por los ciudadanos que estábamos ahí presentes. Fue entonces cuando me di cuenta del gran terreno en común que tenemos los guatemaltecos. Este terreno es donde podemos converger y construir. Es el lugar en donde se unen los intereses más profundos, nuestros sueños y anhelos.

En este caso el terreno en común que existe entre los grupos de campesinos, estudiantes, empresarios, servidores públicos, académicos, etc es la justicia. Los guatemaltecos hemos despertado finalmente y estamos muy cerca de poder transformar radicalmente el país en el que vivimos si logramos modificar las leyes y artículos de la Constitución para asegurarnos una justicia eficaz, pronta y objetiva. Anhelamos que se le aplique todo el peso de la ley a las personas que la han violado, ya sea desde el ladrón más novato hasta los grandes evasores de impuestos, los invasores de tierras, los traficantes de madera y animales en peligro de extinción, y por supuesto los funcionarios, empresarios, sindicalistas, y demás personas corruptas.

Las manifestaciones son y siguen siendo de los ciudadanos individuales. No es justo que ningún grupo o político se las atribuya ya que no les pertenecen. Tenemos que aprovechar esta oportunidad de oro que nos ha presentado la ciudadanía y sentar un precedente histórico y positivo para Guatemala. Debemos exigir que el congreso conozca de urgencia nacional las propuestas presentadas al mismo en temas de reformas a la Constitución, al Organismo Judicial y a la Ley Electoral y de Partidos Políticos. Considero que tenemos suficiente terreno en común para generar un resultado positivo. No podemos permitirnos el lujo de dejar pasar esta ventana que ha oxigenado nuestra insípida democracia. No es momento de partidos, grupos sociales, sindicatos ni empresas. Es el momento de cada ciudadano individual. Cada quién puede influir en este momento político. El clamor por la justicia, igualdad ante la ley y cese de la corrupción es más fuerte que nunca.

El terreno en común entre todos los sectores ciudadanos es más claro ahora que nunca antes. Considero que debemos hacer el esfuerzo de dialogar y discutir todos de forma propositiva y constructiva para edificar sobre esto. No permitamos que las ideologías y rencores pasados nos cieguen y bloqueen otra vez. Tendámonos la mano, abramos los oídos y comencemos a dialogar.