Claro que los tiene y son muy envidiables. Otto Pérez Molina ha logrado lo que ningún otro presidente ha hecho: unió en coro a la izquierda y la derecha. Enorme logro en un país como Guatemala por dos razones. La primera es que la ciudadanía (no los partidos políticos) está fuertemente dividida por ideologías. La izquierda (de los socialdemócratas hasta los rojos) y la derecha (desde liberales hasta conservadores y mercantilistas) difícilmente se hablan y no hay asunto público cuyo fracaso un bando no se lo atribuya al otro. La segunda razón es que hemos tenido cada gobierno tan, pero tan nefasto, pero no lo suficientemente nefasto como para levantar iracundo al pueblo. Ha sentado un precedente, señor presidente. Mis respetos.
Si un día se le pone nombre a este momento de nuestra historia, al del gobierno de Otto Pérez Molina, espero que sea La Purga, porque eso es lo que está sucediendo Guatemala, una dolorosa pero necesaria limpieza del Estado la cual ignoramos que tan profunda llegará a ser y si va a alcanzar sus últimos extremos y reformar nuestro sistema político.
De lo que sí podemos estar seguros es que la historia no será generosa con usted, señor presidente, ni su gobierno. Nadie escribirá en su defensa porque no hay nada que defenderle. Mire detrás suyo y verá a otros hombres de gobierno que bien pudieron haberse equivocado en muchas cosas, pero al menos trataron de hacer patria, se descubrieron el pecho por defender un ideal, trabajaron por dejar un legado.
Usted en cambio no ha defendido nada. Por donde quiera que se le estudie sale perdiendo, sobre todo si se otorga el beneficio de la duda y se le acepta que ignoraba lo que estaba sucediendo en su gobierno, porque ello significa que los ratones han hecho fiesta incluso cuando el gato estaba en casa. La imagen de militar recio que acaso le granjeó unos votos resultó siendo una enorme farsa, no pudo ponerle un límite ni a la inseguridad que tan aburrido nos tiene ni a su voraz vicepresidenta que se bañó en millones.
Pero como no supo medir sus fuerzas y se le puso valiente al gigante del norte, ahora el Tío Sam desbarató a su gobierno en unas cuantas semanas y el pueblo cansado de los abusos se lanzó a las calles a pedir su renuncia. Es cierto que la democracia es el gobierno popular, pero su gobierno ha sido el más impopular de los últimos años y su continuidad en el puesto es simplemente antidemocrática.
Ya no tiene nada de que sostenerse, señor presidente. Tenga humildad y renuncie, será el único acto decente que los guatemaltecos recibiremos de su parte.
“Debo estudiar política y guerra para que mis hijos tengan la libertad de estudiar matemáticas y filosofía. Mis hijos deben estudiar de navegación y comercio y agricultura para que sus hijos tengan el derecho de estudiar pintura, poesía y música”, John Adams.