Los últimos acontecimientos que han ocurrido en Guatemala son un llamado a la reflexión y a la cordura. Como sostuve en mi columna anterior, en política no existen casualidades.  En esta actividad hay muchos intereses de por en medio y planes establecidos con el fin de hacer cumplir ciertos propósitos. Desconozco cual es la fuerza política que se encuentra por detrás de todos los sucesos, pues no me atrevo hacer elucubraciones o suposiciones sobre hechos que no tengo la evidencia para demostrarlo.  Indistintamente quien sea, este actor o actores con seguridad advirtieron y sugirieron ciertos cambios a nuestros gobernantes en algún momento.

Esto me recuerda una experiencia de niño de no tocar la comida cuando estaba en la mesa. Luego de ciertas advertencias de mis padres y aún así cometer el acto,  recibí un pequeño golpe en la mano que me enseñó a comportarme.

Lo que está sucediendo en Guatemala es similar.  Luego de ciertas amonestaciones y no hacer efectivos los cambios correspondientes, se tomaron medidas de hecho que terminó en todos los eventos que hemos tenido en los últimos días.

Luego de  tantas situaciones que se han dado, para mi estos hechos son un llamado a la cordura y al buen manejo de los fondos públicos. Luego de que todo esto es dañino para la institucionalidad del país, no es precisamente del todo malo lo que está aconteciendo. Es un “regaño” a todos nuestros gobernantes para que entiendan que Guatemala ya no es la misma de hace 10 años. Acá existe una ciudadanía que está velando por el cumplimiento de las normas y el ejercicio de su papel cívico que alimenta la República. Guatemala ya no tiene personas desinteresadas por la cosa pública y es importante que se entienda que va haber un árbitro velando por el buen comportamiento de los gobernantes. Con seguridad una persona que se encuentre en asuntos públicos a raíz de todo esto, considerará dos veces si comete algún acto ilícito o no.  El desafío es que esta presión ciudadana sea constante. Como bien decía mi profesor Glen Cox, los políticos en Guatemala quieren ser mantenidos a raya con chicote. Al estilo de la Guatemala de fines del siglo XIX con Justo Rufino Barrios.

Aunado a ello se debe entender que este momento es la oportunidad de hacer los cambios necesarios para modificar la estructura del Estado. Todos los cambios de raíz encuentran en esta coyuntura la oportunidad de ser modificados. Entre ellos, es imprescindible mejorar nuestro sistema de administración pública y una de las reformas que nos debemos plantear es la modificación a la Ley de Servicio Civil. Ello con el fin de tener funcionarios dignificados. Lo mismo con la Ley Electoral y de Partidos Políticos para tener instituciones partidarias más sólidas. Hacer cambios a la Ley de la Contraloría General de Cuentas para tener mejores controles.  Evaluar la Ley de Compras y Contrataciones con el objetivo de agilizar y transparentar los procesos de adquisiciones del Estado.

Es fundamental plantearse todos estos cambios y exigir a nuestro próximo Congreso de la República las medidas necesarias para que Guatemala redefina el rumbo y de esta forma alcancemos el desarrollo.  Ejerzamos este momento con madurez y retomemos el camino hacia el progreso.