Cada campaña electoral es recordada por la cantidad exagerada de publicidad que hacen los políticos para promover su candidatura. No es raro ver llenos los postes de alumbrado eléctrico con los rostros de diferentes personajes que aspiran a varios cargos público, vallas gigantes, pintas ilegales en lugares como árboles, paredones y demás. Se dice que cada cuatro años la industria de la publicidad y otras industrias relacionadas tiene un auge gracias a estas actividades.

Y algo que nunca falta son los famosos jingles, es decir esas cancioncitas pegajosas que suenan insistentemente en los medios de comunicación y hasta en unidades móviles. Muchos parten de canciones populares y editan su letra para que sea afín al candidato o la agrupación. En otros casos se utiliza música original, pero la letra siempre va ligada a presentar las propuestas principales de los políticos.

El jingle político nació en Estados Unidos en 1952 y fue creado por el publicista Irving-Berlin para la campaña presidencial de Dwight David Eisenhower (también conocido como Ike) quien fue mandatario del país norteamericano entre 1953 y 1961. Sin embargo, George Washington editó el himno “God Save the King” para presentar “God Save Great Washington”, el cual utilizó para dar a conocer su postura política.

En Guatemala, estas piezas musicales son recordadas como parte de anécdotas o chistes pues casi todos han tratado de ser “simpáticas”, chuscas o facilonas para ser recordados. En este mercado, lo importante es lo pegajoso no la calidad musical.

Un trabajo casi anónimo

En su mayoría, estas canciones son parte del trabajo que realiza la agencia de publicidad contratada por el partido. Los políticos, que no son músicos ni publicistas, le transmiten las “ideas” que tienen a los expertos y ellos se encargan de realizarlas. Esto conlleva una cadena productiva que incluye a compositores, músicos, cantantes, arreglistas y locutores. Cuando la idea es cristalilzada, la agencia se la presenta a los políticos para su aprobación.

Al respecto, un reconocido músico guatemalteco comentó a República.gt acerca de su experiencia en esta área publicitaria. “Fijate que he cantado en al menos 8 jingles políticos, pero no todos han sido aprobados”, dice refiriéndose a que se producen varios pero no todos llegan a conocerse públicamente porque no gustan a los candidatos o encargados de las campañas.

Asimismo, como ocurre en otras piezas publicitarias, el músico en realidad no usa voz habitual. “Yo solo los canto caracterizando lo que necesitan; es decir, si es un tema basado en alguien o en un tema en particular, se trata de hacer la voz en ese sentido”. Como beneficio extra, esto permite que no puedan indentificar quién está cantando, cosa que les favorece pues como profesionales no quieren ser ligados a algún partido en particular.

“Siéndote franco, siempre hay un pequeño temor de que la gente sepa quién está detrás de la voz que escuchan”, dice el músico que entrevistamos. “Una vez me llamaron del Ministerio de Comunicaciones, Infraestructura y Vivienda, y el tema era muy parecido a lo que yo compongo, así que canté sin caracterizar mayor cosa. Cuando la escuché en la radió, resultó ser para Sinibaldi (…) la gente me preguntaba porque creían que él había tomado un tema mío para su campaña, afortunadamente no pasó a más”.

Los cantantes y músicos que se han “atrevido” a prestar su nombre y su cara a un partido político, como se vio en las elecciones pasadas con Dúo Sway y Fabiola Roudhta por ejemplo, en realidad son muy pocos. Después se supo que uno de los integrantes de dicho dúo fue contratado por el gobierno del Partido Patriota para una plaza de comunicación.

 

Es parte del trabajo del músico

Un reconocido músico, compositor y productor con más de 35 años de carrera, dueño de un estudio de grabación, señala que es muy difícil hacer carrera lucrativa con la música en nuestro país. Si bien la mayoría de estos artistas hacen conciertos y grabaciones con sus propias producciones, estas actividades no son para ganar dinero sino para realizarse en lo profesional. “Incluso, muchas veces tienen que invertir sus propios recursos sin tener ninguna ganancia”, explica.

Por esa razón, se ven obligados a aceptar otros trabajos que les generen ingresos, algunos fuera de la rama artística, pero algunos se involucran en la publicidad. “Todo el tiempo se están produciendo jingles o musicalizaciones, es una forma de ser productivo. Esto incluye a los jingles políticos por supuesto que es apenas una parte de esta profesión”, señala.

En Guatemala, los jingles políticos no son utilizados únicamente durante la época electoral pero sí aumenta mucho la demanda cuando se acercan las elecciones generales. Durante el resto del año, muchos pretenden dar a conocer con ellos el trabajo de alguna institución generalmente del Estado.

El productor entrevistado señala que hay publicistas que tienen mucha experiencia y habilidad para hacer este trabajo, se podría decir que se han especializado en el tema. Los partidos políticos los buscan y con sus agencias hacen “el negocio”, cuyas ganancias quedan principalmente en esas empresas.

Luego estas agencias suelen subcontratar a un estudio de grabación y un productor quien a su vez subcontrata a músicos, cantantes, arreglistas y locutores. “Generalmente, en este negocio todo ‘es para ayer’, por lo que se trabaja largas horas cualquier día de la semana. Además, se tienen que hacer muchos cambios, algunos muy minuciosos”, explica.

Otra peculiaridad es que se suelen hacer varias versiones de la misma canción. “Piden una versión salsa para la costa sur, una ranchera para oriente, alguna en marimba para occidente y una pop para el área metropolitana. Aprovechando los medios locales, en cada zona del país se transmiten las diferentes versiones con la idea de que la gente se sienta más identificada”, informa.

A pesar de las presiones de tiempo y de las exigencias, a veces hay problemas a la hora de cobrar lo que es justo, siempre regatean según el productor. “Otro detalle es que la mayoría de veces no pagan las ‘pruebas’ que se hacen antes de la aprobación, así que si no se aprueba ese trabajo se pierde”, señala.

No faltan los políticos que quieren pagar con promesas de puestos, más contrataciones y prebendas, claro, si es que ellos resultan ganadores en las elecciones. “La mayoría no aceptan estas propuestas porque eso es un trabajo como cualquier otro. Además, se ha visto que muchos de los que sí han aceptado, después ya no reciben nada”, finaliza.