Solidaridad noruega

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Socialismo del siglo XXI es a ojos extranjeros la percepción de bienestar de Noruega. Es un país donde abunda el petróleo, que aporta la cuarta parte de su producto interno bruto. Sus condiciones geográficas y glaciares lo hacen el segundo exportador de pesca marítima del mundo.

Dedicarse a la industria en sus manifestaciones tanto en química, metalurgia, producción de alimentos, papel entre otros son rasgos de una organización social que en occidente se llama liberalismo o capitalismo.

Sin embargo Noruega no es el paraíso. Los epítetos del país más pacífico del mundo, el de mayor índice de desarrollo humano no implica que el mal personificado en organizaciones humanitarias no se haya enquistado en la percepción de la realidad ajena.

Los índices sobre los cuales se construyen las matemáticas de los socialistas se fundamentan en la percepción de las personas. En el buen sentir liberal en un método compositivo cuya unidad irreductible es el individuo.

Camine usted por el vecindario de cualquier persona que esté en bonanza económica y encontrará la percepción de realidad noruega.

Sin embargo Herta Müller, descendiente de suabos emigrados a Rumanía, focaliza relatos de un mundo rural inclemente, cerrado y opresivo. Una niña enfrenta en su núcleo familiar, la muerte, los juegos infantiles, el sexo, la iglesia y la escuela que convierte en una ingenuidad la brutal pesadilla de su vida. El tribalismo de una sociedad cerrada y comunitaria no provoca la condición humana cuando se le confronta y se le tutela en un orden extenso o sociedad abierta donde la riqueza y bienestar es producto de relaciones contractuales y no de las organizaciones del mal importadas a suelo guatemalteco desde Noruega.

Herta Müller en uno de los relatos que titula mi familia escribe “Mi padre tiene otro hijo de otra mujer. No conozco a la otra mujer ni al otro hijo. El otro hijo es mayor que yo, y la gente dice que por eso yo soy de otro hombre. Mi padre le hace regalos de Navidad al otro hijo y le dice a mi madre que el otro hijo es de otro hombre”.

Que es la violencia, la pobreza de mi gente sino percepción como la riqueza y el desarrollo humano es la percepción de los noruegos. Se fundamentan en personas concretas. La satisfacción con la vida del guatemalteco es perceptiblemente distinta al noruego. Sin embargo el pretendido mal que ellos encuentran en nuestras tribus es el resultado de la opresión y por ello combaten a los empresarios que en su propio país son los héroes de la cultura y la civilización. Es hora de que se marchen y dejen florecer la eterna primavera.