Cuántas veces hemos dicho a un amigo, un primo o incluso a nuestros padres que estaremos con ellos en una fecha especial y no lo hemos hecho. El día a día, el corre corre de la vida nos ahoga en el olvido de quienes nos aman sin darnos cuenta.

El silencio marca la necesidad de escuchar, el hambre la necesidad de comer y beber, la ausencia desata la penuria de ver, estar o tener… y en otras ocasiones es la muerte misma menester de momentos y personas que no volverán.

 

Este hombre tuvo que hacer su propia esquela para que sus hijos y nietos llegarán a verlo… ¿Quién hará una para ti?