¿A quién le importa la muerte de los 17 reos de la cárcel Canadá?

La apatía generalizada por la muerte de 17 reos en la Granja Penal Canadá fue tema de discusión de profesionales que concluyen que la sociedad guatemalteca es insensible y padece de anomia social.

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Un enfrentamiento entre grupos rivales en la Granja Penal Canadá (cárcel de máxima seguridad) ubicada Escuintal, dejó al menos 17 muertos, mientras que en las afueras de la cárcel decenas de personas se apostaron para preguntar por el estado de sus familiares, esto ante el hermetismo de las autoridades por revelar la identidad de los fallecidos, únicos que se preocuparon por la muerte de los reos.

Se cree que los disturbios se originaron por un encuentro de fútbol entre los internos llamados “paisas” y los “cholos”, estos últimos integrantes de las pandillas, aunque el descontento ya estaba al límite entre los bandos, según informó el Fiscal Contra la Vida del departamento de Escuintla, Víctor Mijangos, a la agencia de noticias AFP.

Mijangos aseguró que todos los internos fueron ejecutados con arma blanca y al menos siete fueron decapitados. Los cadáveres fueron trasladados para su identificación a la morgue de Escuintla, que se vio abarrotada por personas que llegaron a preguntar si entre las víctimas se encuentran sus familiares.

El lunes por la tarde, desde el interior de una celda, varios reos gritaban que querían comida pues no habían recibido alimentos desde el mediodía del domingo (día que se registró el incidente) cuando les sirvieron el almuerzo. “Estamos aislados y no escuchamos nada”, dice a gritos un recluso desde su celda al contestar a un periodista, que desde la malla de metal preguntó sobre la trifulca.

La Granja Penal Canadá tiene capacidad para albergar 600 reos, pero en la actualidad cuenta con 3,092 detenidos hacinados en sus instalaciones, según dio a conocer el portavoz del Sistema Penitenciario, Rudy Esquivel.

Una matanza que no conmovió a la sociedad

Los disturbios comenzaron la noche del domingo al terminar el horario de visita, por lo que decenas de mujeres, algunas con sus hijos, salieron despavoridas por los disparos de armas de fuego en medio del enfrentamiento.

La noticia corrió, pero las reacciones de la sociedad guatemalteca fueron pasivas, inclusive hasta apludibles por ser personas que purgan una condena.

“Yo estaba visitando a mi esposo con mis cuatro hijos cuando comenzó la balacera. Se oían disparos por todos lados y salí corriendo con tres de mis hijos, por lo que tuve que volver a entrar para salvar al otro”, relató Heidy Solares a AFP.

“No sabemos nada, estamos aquí desde anoche y no quieren decir los nombres de los muertos, solo que son ‘Cholos'”, decía entre sollozos Zuseth Marroquín, quien busca a su hermano Ever, en prisión desde hace un año, pero evitó dar a conocer el delito.

En similares condiciones se encuentra Evaristo Juárez, de 62 años, quien intenta conocer el paradero de José Tax, el esposo de su hija, con quien tiene tres hijos, y está en prisión bajo cargos de violación.

“Mi hija se estaba despidiendo de su esposo cuando empezó la balacera. Llegó a la casa traumada y me pidió que viniera a preguntar por José porque no sabemos nada de él”, agrega mientras caminaba por una calle de tierra para llegar hasta la entrada del penal.

Los familiares son los únicos que se preocupan por el estado de los reos, ante la mirada de una sociedad que se encuentra inerte ante lo ocurrido ese domingo. Según expertos la sociedad guatemalteca está perdiendo la sensibilidad para indignarse por hechos violentos como los ocurridos en la Granja Penal Canadá, padeciendo de anomia social.

¿Sociedad insensible?

Luis Mack, sociólogo de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, dice que en general la mayoría de la sociedad guatemalteca visualiza a los reos como personas que no tienen mayores derechos. “Hay una aceptación generalizada de que estos hechos no son importantes”.

Según Mack se ha perdido la conciencia de tener pesar por los demás, porque hay tantas problemáticas en la cotidianidad que compiten el nivel de importancia con otros. Agrega que el nivel de hartazgo de la sociedad ante los hechos de violencia es mayor y por eso es que ya no le importa si muere un reo o delincuente.

Por su parte Raúl De La Horra, psicólogo, indica que Guatemala tiene una sociedad saturada de miedos y esto la ha paralizado a pesar de las movilizaciones recientes para denunciar la corrupción en el Estado. “No hemos tocado las neuronas de la indignación realmente”.

De La Horra dice que hay una desensibilización de la sociedad guatemalteca viene desde hace mucho tiempo, consecuencia de la historia que le ha tocado vivir, agrega hay una indiferencia por la saturación de la violencia que no se reconoce.

“Cuando una sociedad que pierde la sensibilidad, lo pierde todo”, ahí es donde empieza la degradación de la sociedad como tal, porque se vuelven insensibles al dolor y a la problemática de otras personas, “vamos a volver a ser sensibles cuando nos toque la violencia y la inseguridad a nosotros mismos, se está perdiendo la sensibilidad a raíz de los actos de violencia” dice Mack.

En la mente del guatemalteco promedio un reo que está purgando una pena es porque algo hizo y si se terminan “matando” es su propia ley, entonces no hay porque hacer escándalo ni preocuparse demasiado sin percatarnos que “las situaciones perversas de esta situación, son las contraparte de una sociedad pensante, porque todo eso es el reflejo de lo que somos como sociedad”.

Enfermos de anomia social

Por otro lado Eddy Morales, exdirector del Sistema Penitenciario, sociólogo y criminólogo, indica que la percepción que se tiene dentro de la sociedad en los imaginarios sociales colectivos, es un rechazo a aquellas personas que se encuentran cumpliendo con una condena y esto hay que tomarlo en consideración por varios aspectos.

puntualiza Morales que al etiquetar a una persona por una falta o delito inmediatamente se genera un rechazo colectivo a un nivel de marginación social en lugar de buscar una integración. Además agrega que la sociedad guatemalteca tiene un imaginario social inquisitivo, que es un resabio de la historia.

De acuerdo con el exdirector del Sistema Penitenciario, la insensibilidad que tiene la sociedad guatemalteca es por la falta de integración social, durante muchos años se dañó el tejido social lo cual nos ha llevado a pensar que quienes guardan prisión deben tener un castigo inquisitivo.

“Nuestra sociedad está enferma, con un padecimiento conocido en la sociología y criminología que se le llama “anomia social”,  la cual es evidente al dejar de creer en la norma que ha sido establecida por el sistema, tanto sociales como jurídicas. Cuando se deja de creer en la norma y en sistema, la sociedad entra en esa anomia social colectiva” señala Morales.