Un empleado ganando el salario mínimo en Guatemala percibe 16 quetzales la hora. El 69% de la población económicamente activa gana aun menos porque pertenece al sector informal. Durante los últimos años el sector privado ha enfocado sus esfuerzos en la creación de empleos formales. Parte de la estrategia ha sido empoderar a los sectores e identificar proyectos que les puedan permitir crecer. Por otro lado se han impartido talleres a emprendedores y pequeñas empresas para que puedan innovar y aumentar su fuerza laboral.

Clayton Christensen, fundador de la firma de consultoría Innosight, introdujo una teoría que trata de explicar porque después de la recesión económica del 2009 se incrementó el capital disponible para hacer inversiones empresariales pero la tasa de empleo falló en crecer a un ritmo comparable; el define el fenómeno como el “dilema capitalista”. Este término se refiere a la tendencia de las empresas a dirigir sus inversiones a innovaciones de eficiencia y no a innovaciones disruptivas. Las empresas que implementan innovaciones de eficiencia adaptan sus procesos para que baje el costo de producir un producto o de realizar un servicio. Esto en muchos casos aumenta la demanda y las ventas de una empresa, pero reduce la cantidad de mano de obra requerida eliminando empleos. Las innovaciones disruptivas, en cambio, crean nuevos mercados y necesitan incrementar la fuerza de trabajo para poder servir a los nuevos consumidores, generándole ingresos a las empresas pero también creando empleos.

Cuesta entender entonces por qué las empresas están dirigiendo sus inversiones en innovaciones que eliminan trabajos si a la vez están coordinando esfuerzos para incrementarlos. Christensen explica que el problema se atribuye a los tecnicismos con los cuáles se toman decisiones financieras. El período de recuperación de una inversión ha sido priorizado en la toma de decisiones y las innovaciones disruptivas en su mayoría generan beneficios a largo plazo. Un estudio realizado por Christensen con la ayuda de un grupo estudiantes de la universidad de Harvard propuso tres soluciones al “dilema capitalista”.

La primera solución proponía la creación de políticas en las empresas para incentivar a los accionistas a enfocarse en iniciativas e innovaciones de largo plazo. Un ejemplo sería incrementar el poder de voto de aquellos accionistas comprometidos con la empresa por mayor tiempo y con mayor enfoque en el futuro. La segunda solución se basa en reestructurar el método de enseñanza de las universidades y las escuelas de negocios para que clases como estrategia y finanzas se impartan conjuntamente y no como cursos exclusivos. El problema con la estructura actual es que los estudiantes aprenden a tomar decisiones financieras independiente de los que estratégicamente le conviene más a la empresa a largo plazo. La última propuesta, tal vez posible solo con la intervención de las soluciones previas, sería cambiar el uso de retornos financieros por el uso de retornos de oportunidades o de empleos.

Los riegos que presentan las innovaciones disruptivas son significativamente mayores a los que presentan las innovaciones de eficiencia; sin embargo, los beneficios que generan sobrepasan esos riesgos. Las empresas y los institutos educativos pueden empezar a trabajar alrededor de estas propuestas para ir reduciendo la inclinación por invertir en iniciativas que generan ganancias a más corto plazo pero no incrementan el mercado laboral. De esta manera puede beneficiarse el sector privado pero también la economía del país y las oportunidades de los guatemaltecos económicamente activos.