A finales del 2014 el World Economic Forum (WEF) presentó un informe en el que trata los retos de mayor impacto en el mundo, que éste debía enfrentar en el 2015. Esos retos eran: 1. el aumento de la desigualdad, ya que el 0,1% de la población controla la mayor cantidad de los recursos; 2. más crecimiento sin más empleo, ya que el mundo entero vive el reto de generar suficiente empleo, es decir, el denominado “crecimiento sin empleo”; 3. la falta de liderazgo, en todo nivel; 4. las tensiones entre países que podían aumentar; 5. el sistema democrático debilitado, especialmente en Oriente Medio y el norte de África; 6. el aumento de la contaminación ambiental, especialmente en los países desarrollados, donde el mayor reto es la inversión en tecnología sostenible; 7. el aumento de la inestabilidad debido al cambio climático, que los humanos no podemos controlar; 8. el aumento del nacionalismo extremo, para proteger la identidad social local; 9. la dramática falta de acceso al agua, y 10, la carga material de la salud en la economía, con una pirámide invertida.

Si bien el aumento de la desigualdad en el mundo es dramático, sea en los países desarrollados que en desarrollo. El crecimiento económico luego de la crisis es real, sin embargo, los beneficios del mismo escapan a un buen porcentaje de la población que obviamente es mayor en los países en vías de desarrollo. Este problema va de la mano con el reto de generar empleo estable para una masa laboral en constante aumento. El aumento de esa masa laboral es inversamente proporcional al de la capacidad de generar empleo. Guatemala no es una excepción ni a la una, ni a la otra. El PIB ha crecido en los últimos años, pero el porcentaje de población en extrema pobreza sigue siendo altísimo. La capacidad de generar empleo sigue limitada, y quienes deben cambiar las leyes para favorecer la creación de empleo, y no precisamente empleo en ese elefante blanco que llamamos gobierno. El empleo que se debe generar es el empleo que viene del sector productivo, y ése es sólo estimulado por políticas pro mercado que liberen el potencial creativo de la población. Y como con la generación de empleo, el tema de la salud es también inversamente proporcional al crecimiento de la población. El costo es altísimo, si de alguna manera cambiara el enfoque que se le da hoy día al campo de la salud y fuera menos “negocio” y más necesidad, quizás cambiaría. Con esto no estoy hablando de implementar políticas “socialistas” sino de humanizar un poco el tema. Después de todo, el juramento Hipocrático reza:“…Estableceré el régimen de los enfermos de la manera que les sea más provechosa según mis facultades y a mi entender, evitando todo mal y toda injusticia… Pasaré mi vida y ejerceré mi profesión con inocencia y pureza. No ejecutaré la talla, dejando tal operación a los que se dedican a practicarla.

En cualquier casa donde entre, no llevaré otro objetivo que el bien de los enfermo…” ¿Dónde habla de la profesión médica como un negocio? Y aquí espero los reclamos y críticas de quienes viven de ese gremio. Lo único que estoy diciendo es que la salud de la gente no debiera ser un negocio, si bien obviamente tiene que tener un costo. Obviamente el costo de la salud es más alto cuanto mayor sea el gap entre la población económicamente activa y la generación que ya está fuera del sector productivo en esa pirámide invertida que continúa aumentando.

La falta de liderazgo la hemos vivido y la estamos pagando cara en Guatemala, como en tantos otros países. Líderes improvisados, mediocres, corruptos son lo que abunda en el planeta. Pocos son los países que no tienen una crisis de liderazgo. Y lo mismo se ve a nivel regional, en esta nueva realidad en la que Rusia pareciera punta pies a los Estados Unidos a cada rato, donde Irán ahora sale casi en caballo blanco, donde China tiene una voz cantante fuerte y clara. Estamos a merced de los peores, nos guste o no, gracias a que los “mejores” (y por mejores entiendo los países donde la libertad individual aún vale algo) han pasado de fuertes y sólidos a pusilánimes y mediocres. Todo esto repercute especialmente en países donde el reto de liderazgo implica la rivalidad entre líderes políticos y religiosos, como es el caso del Oriente Medio y del Norte de África. En esas regiones los líderes religiosos retan claramente a los gobiernos, y no creo necesario elaborar más ya que vemos a diario la tragedia que se vive en esas naciones. Personalmente creo que la democracia no funciona en todas las culturas. Funciona en la nuestra porque creemos en la libertad individual y en el papel del gobierno como salvaguarda de esas garantías. Pero no funcionará jamás en culturas donde por ejemplo, las mujeres son ciudadanas de tercera clase y donde no se respeta a nadie que la piense diferente.

Cuidar al planeta es una tarea que debiera ser de todos, pero lastimosamente me da la impresión que pueden más los intereses económicos de algunos que el entendimiento de las consecuencias que tienen esas “ventajas” económicas. Es decir, sólo porque sale más barato se produce mayor contaminación en muchos países industrializados, y como por consiguiente, es caro implementar prácticas amistosas con el medioambiente, pues las evitan y listo. Las consecuencias de esto las vivimos a diario en todos los rincones del planeta con sequías extremas, inundaciones extremas, y demás fenómenos medioambientales extremos y fuera de estación. Este mismo factor tiene sus repercusiones en el uso de los recursos naturales, como la preciada agua. El agua, según muchos estudios disponibles en el Internet, será un día más cara que el oro. Creo que eso lo dice todo.

He querido dejar por último el tema del nacionalismo extremo que cada vez es más fuerte. Se está dando principalmente en países desarrollados, como por ejemplo Canadá o España, si bien cabe mencionar que los partidos que promueven el nacionalismo extremo han ganado elecciones en el Benelux, en Dinamarca y en otros destinos.

Lo irónico, y muy lógico, es que todos esos retos mencionados en el informa del WEF de noviembre 2014 con miras al 2015 parecieran recién emitidos en este noviembre 2015 con miras al 2016. Nuestra sociedad está en crisis general y de ello derivan tantos problemas socio-económicos, medioambientales, políticos y puramente sociales, y debemos hacer algo al respecto. Guatemala fue en este 2015 un ejemplo a seguir como un pueblo que pacíficamente decidió enderezar el rumbo hacia el cual se dirige. Sigamos pues avanzando con pie firme. Ya no más paternalismos y mediocracias. Somos una nación de gente luchadora, emprendedora y creativa. Eliminar los retos por completo es de ilusos, pero derrotarlos reduciéndolos a la mínima expresión es factible. El compromiso es nuestro, de todos y cada uno de nosotros. San Juan Pablo II dijo que “el desarrollo es el nuevo nombre de la paz”. Construyamos pues, unidos con un objetivo común, esa nación que soñamos, con libertad, responsabilidad, ética, y un profundo sentido de humanidad. Yo acepto el reto. ¿Y usted?