El futuro es incierto. Eso definitivamente lo sabemos. Por el impulso tan grande en el ser humano de buscar certeza es que muchas personas se inclinan por dejar a otros la responsabilidad de decidir por ellos.
Esos regímenes, sin embargo, siempre padecen los mismos problemas: es imposible satisfacer las necesidades de todos de la forma más satisfactoria para todos. Adicionalmente, es imposible el cálculo económico y por tanto, imposible distribuir la producción de acuerdo a las necesidades de todos y utilizar los recursos en aquellas necesidades que son prioritarias.
Debido a que cada uno de nosotros tiene escalas de valores distintas y percepciones del mundo diferentes, se deciden satisfactores distintos, con gradaciones diferentes. Por tanto, se valoran las cosas de manera diferente.
Si bien el futuro es incierto, cada uno de nosotros decide afrontarlo de manera distinta y utiliza sus recursos de manera distinta. Desde los materiales hasta el tiempo.
Un sistema en el que solo una persona o un grupo decide por todos es un buen mecanismo para lograr la mayor cantidad de frustración en la población. Da una apariencia de controlar el futuro, pero es simplemente que se ha entregado el futuro en las manos de alguien más.
Yo no quiero entregar nunca mi futuro. ¿Usted?