Los países más felices en el 2015, según estudios y encuestas internacionales de diversos entes (Forbes, Livescience, Business Insider, y otros), son Suiza, Dinamarca, Noruega, Islandia, Canadá, Finlandia, Holanda, Suecia, Nueva Zelanda y Australia. ¿Notan alguna semejanza? Creo que todas estas sociedades, independientemente de sus sistemas político-ideológicos, son sociedades ecuánimes, de gente bastante educada, simple pero no inculta, y sobre todo, sociedades donde impera el respeto y la cortesía. Entre los elementos que los psicólogos y sociólogos destacan como fundamentales para encontrar la felicidad me llaman la atención los siguientes: 1. Un sentimiento de gratitud constante; 2. Darle más espacio en la mente a situaciones positivas acontecidas durante el día, por pequeñas que éstas sean; 3. Hacer ejercicio (mente sana en cuerpo sano); 4. Meditar (“ver” nuestra respiración por dos minutos concentrándonos exclusivamente en eso); y 5. Realizar acciones de amabilidad al azar, todos los días.

Según esos expertos en materia, un ser humano es más feliz cuando disminuye sus expectativas con todo, desde el amor hasta el trabajo, pero ojo que no significa ser conformista o dejado. Se trata simplemente de enfocar la energía en otra forma. Si uno quiere que algo bueno suceda, uno debe creer que sucederá, y realizar acciones concretas para que así sea. Es decir, poner nuestras acciones donde ponemos nuestra mente, pero obvio basado en la lógica y siendo realistas. No se trata de pretender cosas absurdas. Dicen los expertos que es un “juego” donde el 50% depende del entorno y el otro 50% de nosotros mismos. También es clave como tomamos decisiones, herramientas fundamentales para afrontar cambios, retos y oportunidades en la vida. Ambos elementos afectan el tercero, que es el establecer metas lógicas, realistas e inteligentes. Unido a estos elementos está nuestra tolerancia ante el riesgo. Quién no arriesga, no crece (derrota sus miedos, conquista sus propias barreras), y quién no crece no es feliz.   El arriesgarse viene unido al miedo al fracaso. Siempre he pensado que el fracaso no es malo, son lecciones de las cuales debemos aprender, mejorar y salir más fuertes de lo que éramos antes. Y sobre todo, querernos a nosotros mismos. Si nosotros mismos no nos queremos, ¿Cómo esperamos que el mundo lo haga?

Con esto en mente, recuerdo como todos los años muchos de nosotros decimos “el año entrante no voy a…” o “el año entrante voy a…” y luego se nos olvida, lo hacemos a medias, o lo hacemos mal. Pensando en mi Guatemala hermosa, les comparto mis resoluciones ciudadanas para el 2016 con la esperanza de contagiarlos y que quizás alguno decida unirse a mí en esto:

  1. Haré un esfuerzo real por ser más amable y más cortés con todo el mundo. Decir siempre “por favor” y siempre, sin excepción, dar las gracias. No importa a quién, así sea a una vendedora de chicles, la trataré con la cortesía con que me gusta ser tratada. Y si la persona delante es pesada o grosera, le responderé con la mayor amabilidad posible.
  2.  No voy a bocinar furibunda cada vez que esté en un atolladero de tráfico, aunque me tenga que morder las ganas, y muera de la prisa. Comprendo que es añadir estrés innecesario a una situación que es de por sí estresante. Trataré de darle el beneficio de la duda a quién está delante de la cola, pensando que algún motivo valedero tendrá para estar allí varado y que no lo hace por fregar al prójimo.
  3.  Haré mi mejor esfuerzo por cumplir con la Ley sin rezongar, aunque piense que el trámite es absurdo y anticuado, porque es como es y no queda otra que hacerlo.
  4.  Continuaré la buena costumbre de acatar lo establecido en la Ley de Tránsito y poner el pide vías correcto cada vez que esté por girar, además de ceder el paso como se debe y cuando se debe, y de manejar a una velocidad más decente (tengo pié de plomo).
  5.  Este me costará más que cualquier otro, y será moderar mi lenguaje. Hasta hace 15 meses no decía malas palabras todo el tiempo, y quiero volver a poder expresar mi sentir sin usar palabronas por el simple hecho de que si bien me encanta ser mal hablada, no es correcto ni agradable que “se le salgan” a una tan fácilmente, además de no hacerlo por respeto a mi interlocutor.
  6.  Amar a nuestros ancianos. Recordemos que es la ley de la vida y que envejecer es inevitable. Seamos pacientes, demos más amor, y seguramente la vida será más amable con nosotros.

Creo que la idea que debiéramos tener es la de comportarnos con el prójimo como deseamos que se comporten con nosotros, y si alguien se comporta mal, controlarnos lo más posible ya que responder con violencia o majadería no es precisamente la mejor medida. Quizás si todos hacemos un esfuerzo sólido, nuestra sociedad podría ser más amable y armoniosa, y que no nos demostremos consideración sólo cuando hayan catástrofes. Debiéramos unirnos y tratarnos bien los unos a los otros. Eso podría conllevar a crear una sociedad más estable, sin rencores ni resentimientos, que perdona las tragedias pasadas y mira hacia el futuro, una sociedad donde impera el respeto y la buena voluntad. Queremos una mejor Guatemala, iniciemos por nosotros mismos en nuestro interior y en nuestro trato con quienes cruzan nuestro camino. Es más fácil de lo que suena, ¡se los prometo!