Nuestra sociedad gira en un contexto social nuevo en donde la ciudadanía actúa ahora con mayor atención fiscalizadora, que busca acabar con la corrupción en las arcas del Estado, y que ha dejado graves consecuencias para la población más necesitada.
Cuando hablamos de los nocivos efectos que ha tenido está situación podemos decir, que una de las heridas que aún sigue abierta, es la gran necesidad que tienen nuestros niños, quienes trabajan y son olvidados, y que cada día se levantan con tristeza y desconcierto sin la posibilidad de acceder a una vida digna.
Al ver esta realidad que destroza el corazón y el alma, uno no puede dejar de pensar en el destino que hubieran tenido los recursos que los malos funcionarios han utilizado a su favor. Por ejemplo que hubiera significado en otro tipo de vida, como todo niño merece.
Esos niños, hoy duelen en el corazón de una nación llena de riqueza, en donde son los más vulnerables, esa riqueza es solo para unos cuantos y no para todos, es ahora que debemos cambiar la situación por otra en donde los que menos son los que más la pagan.
Los guatemaltecos, nos hemos convertido en los mejores fiscalizadores y sobre todo los que le damos un seguimiento minucioso al acontecer nacional y exigimos honradez y justicia; incluso castigo severo a quienes todavía no se ha alcanzado, es por ello que con este argumento, energía y decisión debemos también exigir que nuestros niños, el futuro del país, tengan un presente digno.
Y todos, debemos desde nuestros espacios indignarnos y hacer valer nuestra voz para ellos que lo necesitan, ojalá que con esa misma presión para exigir justicia, exijamos para respeto para los niños y niñas.

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