Hace algunos días conversaba con unos amigos acerca de si tener la ilusión por algo que aún no ha llegado es lo mismo que vivir en el futuro, esperando siempre algo que quizá nunca llegue. Comentábamos si eso puede dificultar que vivamos en el presente y que disfrutemos de lo que tenemos. Sobre eso salió también el tema del pasado, acerca de si recordar épocas pasadas, que en nuestra memoria siempre parecen mejores, era vivir de recuerdos. Y yo me preguntaba si  debíamos “aprovechar el momento” como recomendaba Horacio para aceptar nuestra realidad, nuestro aquí y ahora. Disfrutar de todo como si fuera el último día, sin preocuparnos de los errores pasados ni de lo que puede venir después. Solo existe esto que vemos, nada más. Sin embargo, no sé si seré poco moderna, pero el carpe diem no termina de convencerme.

Hoy es uno de esos días en que pesa la melancolía y a la vez se impone la esperanza. Y tengo la nostalgia de alegrías pasadas, de hoy, primero de noviembre, y toda la carga emocional que esto trae para cualquier guatemalteco. Y sin embargo, en el Día de Todos los Santos se nos presenta quizá la mejor razón para esperar siempre, esperar a los próximos primeros de noviembre, esperar a la navidad, esperar tiempos mejores o esperar quién sabe qué cosas absurdas en las que se nos va la vida… pero principalmente a esperar en lo que este día representa: esperar el final que nos saque de la eterna espera.

Cosas de todos los días, pequeñeces. Pequeñeces que se mezclan con el ayer y el mañana, porque no podemos excluirlos, ni deberíamos. Tal vez los recuerdos no son tan malos, tal vez parte del disfrutar del hoy se encuentra en poder ver hacia atrás y sonreír, porque ese ayer en algún momento fue hoy. Y tal vez soñar con tiempos mejores también nos ayuda a disfrutar de un hoy que será siempre imperfecto, pero que nos deja espacio para esperar que mañana sea quizá un día que nos sorprenda, para no dejar de soñar. No solo existe el hoy. A pesar del hoy, siempre existe un mañana, un después, un volver a empezar.

Del ayer aprender, del hoy disfrutar y del mañana esperar. Todo a la vez. Ni solo uno ni solo el otro, porque aunque vivimos en el tiempo, parece que lo superamos. No nos atrapa. Somos más libres de lo que pensamos.

Repúblicagt es ajena a la opinión expresada en este artículo