Lisardo Bolaños ha escrito un artículo en Plaza Publica titulado “¿Mercenario o Incomprendido?” (https://www.plazapublica.com.gt/content/mercenario-o-incomprendido ) en el que se siente aludido porque considera que se le ha llamado “mercenario económico” por parte de un artículo de Daniel Fernandez titulado “Agexport: fábrica de Pobres” en Market Trends (http://trends.ufm.edu/articulo-semanal/agexport-fabrica-pobres ) y que luego comenté en un artículo titulado “Aclaraciones sobre el Tipo de Cambio” en RepúblicaGT la semana pasada (http://www.republicagt.com/opinion/aclaraciones-sobre-el-tipo-de-cambio/ ) indicando que me parecía bien su contenido aunque no su título.   El miércoles pasado, Daniel Fernandez ha publicado un gran artículo sobre el mismo tema en Market Trends titulado “Los débiles argumentos de los devaluacionistas” (http://trends.ufm.edu/articulo-semanal/los-debiles-argumentos-de-los-devaluacionistas )  aclarando en forma muy académica cada punto que Lisardo menciona.  Recomiendo su lectura.

         Quiero aclarar que jamás pensé en Lisardo como un mercenario económico.  Al contrario, lo considero un gran economista al que siempre le he tenido admiración y respeto.  Como él mismo dice en su artículo, es egresado de la Universidad Francisco Marroquín (UFM), su Alma Mater.  Ahora está estudiando su doctorado  en Políticas Públicas en la Universidad de George Mason.   Y considero que ha sido afortunado que él tenga un espacio en Plaza Pública ya que sus artículos me han parecido muy buenos aunque tengamos diferencias en algunos temas.  El caso es que no le puse mayor atención a la parte del artículo donde se menciona a los mercenarios económicos en general como los apologistas de la devaluación inducida o artificial.

Sea como sea, este artículo de Lisardo me ha parecido que no va con su estilo, se ha salido de lo normal, y ha escrito más con el hígado que con la cabeza.  Y no creo que debamos hacer más bulla sobre ese tema.  No me gusta usar adjetivos en los artículos para criticar a las personas ya que coincido con Lisardo en que para que exista un buen diálogo se debe respetar a todas las personas y sus opiniones.  Se deben debatir las ideas.  Tampoco es cierto que nadie tenga toda la razón pero para eso están los diálogos y los debates.

También es importante aclarar que los artículos mencionados tanto de Daniel Fernández como el mío son escritos a título personal y no representan para nada con la opinión o postura de la UFM.  Tanto Daniel como yo somos responsables absolutos de lo que escribimos cada quien por su propia cuenta.  Lo mismo diría de Lisardo ya que no considero que sus escritos sean la postura de Plaza Pública o la Universidad Rafael Landívar (URL) sino de él en lo personal.  Es más, la diversidad de opiniones que hay sobre algunos temas en las que los economistas no se ponen de acuerdo es enorme y Lisardo siendo egresado de la UFM y habiendo dado clases ahí no necesariamente puede representar ninguna postura como tampoco yo ni ningún otro profesor de esta casa de estudios.

En el caso del tema de la devaluación inducida o artificial considero que sus argumentos del empleo no justifican una intervención en favor de la competitividad de las exportaciones guatemaltecas.  El empleo por sí mismo no debe ser una meta si se va a generar a costa de empobrecer al resto de la población y en base a dejar de crear valor.  Si hay algún empleo que valga la pena es el que crea valor y no el que consuma recursos escasos como ha sido el caso del proteccionismo comercial a través de aranceles y barreras no arancelarias y como lo sería el caso de una devaluación o apreciación artificial del Quetzal en relación al dólar.   En este sentido, y para ejemplificar lo de los empleos improductivos, el keynesianismo me viene a la mente.   Para alcanzar el pleno empleo había que manipular el gasto público incrementándolo utilizando el déficit presupuestario.  Un chiste de la época era que se justificaba que una persona hiciera un pozo y que otra luego viniera a taparlo.  Estos empleos obviamente no crean valor sino que consumen recursos escasos.

Recuerdo cuando el quetzal se estaba devaluando naturalmente por todos los malos manejos que tuvo el Banco de Guatemala en la década de los ochenta y principios de los noventa.  En ese entonces, los importadores estaban pegando de gritos porque la industria local que utilizaba insumos importados estaba sufriendo enorme pérdidas.  Los importadores salieron a defender un tipo de cambio fijo o una revaluación o apreciación inducida o artificial en ese entonces.  Los argumentos eran similares a los de quienes ahora piden la devaluación.

La economía es compleja pues existen tantas variables que no podemos conocer y que afectan los precios en un momento dado.  El tipo de cambio es un precio más y si lo manipulamos porque creemos que sabemos más que el mercado vamos a distorsionar la asignación eficiente de escasos recursos.  En lo personal preferiría que el Banco de Guatemala no comprara ni vendiera dólares.  Nunca he creído que esa sea una función que debe llevar a cabo.  El tipo de cambio sería totalmente libre y los ajustes se harían inmediatamente.

Es verdad que habría mucha volatilidad que puede afectar la marcha de la economía.  Por ello, este es otro debate abierto en el que los economistas no terminan de ponerse de acuerdo y por ello el Banco de Guatemala tiene una regla de compra y venta de dólares no discrecional de política cambiara en la que se reduce la volatilidad pero no la tendencia del tipo de cambio.  Lamentablemente esto ha y sigue cebando lo que conocemos como Bomba Monetaria ya que cuando el quetzal se aprecia, debido a esta regla el Banco de Guatemala interviene comprando dólares y esto significa que se emiten quetzales.  Luego deben ser recogidos de alguna forma mediante algún instrumento de política monetaria como lo han sido las operaciones de mercado abierto, por ejemplo.

Si el tipo de cambio se deprecia y se reactiva la regla entonces el Banco de Guatemala interviene al contrario, vendiendo dólares.  Así se reduce la bomba monetaria.  El hecho que estén entrando tantas divisas por las remesas y que los precios de muchos de los insumos que importamos estén más baratos en el mercado internacional hace que exista una oferta de dólares relativamente mayor a la demanda de los mismos y el tipo de cambio como cualquier precio lo está reflejando.  Si dejamos que esto se ajuste a su nivel, entonces veremos que con el tiempo las importaciones y en general la demanda de dólares se incrementará pues se hacen más baratos para los demandantes y eso presionará a que el Quetzal ya no se siga apreciando o revaluando.

Más que tratar de manipular el tipo de cambio debemos buscar cómo incrementar la productividad.  Y hay varias formas inmediatas que aunque no sea políticamente correcta si tienen todo el sentido económico del mundo.  Estoy de acuerdo que Lisardo también las apoya.  Una es terminar de abrir completamente el comercio exterior eliminando cualquier barrera arancelaria y no arancelaria.  La otra es eliminar toda la rigidez laboral que existe en nuestro país y que nos hace menos competitivos y productivos.  Y una tercera es simplificar todo el sistema de trámites, permisos y regulaciones.   Pienso que hay que seguir explicando por qué estos tres puntos pueden permitir que el país logre un crecimiento mayor en términos reales haciendo que la productividad se incremente y que las empresas creen empleos que si generen valor.  Pero estos temas tendrán que profundizarse en otros artículos.

 

Repúblicagt es ajena a la opinión expresada en este artículo