Mañana martes los estadounidenses acudirán a las urnas ante la mirada del resto del mundo. La elección de quién será el presidente de dicho país siempre ha sido importante por sus implicaciones para la política internacional. En este espacio, sin embargo, no quisiera enfocarme en si ganará Clinton o Trump, ni en qué tan conveniente sería para Guatemala cualquier de los candidatos.  

Más bien, quisiera analizar algunas de las características de la campaña ya finalizada, pues considero que no cumplió con algunos de los principios enseñados en los cursos de organización de campañas políticas.

En efecto, uno de los grandes preceptos de la teoría de campañas es que los candidatos deben ser hábiles al momento de definir el tema. Por ejemplo, el tan recordado “es la economía, tonto” de Bill Clinton, o el  “cambio en el que podemos creer” de Obama, son casos de cómo el saber definir el contenido de la campaña hace la diferencia.  

Sin embargo, al observar la campaña presidencial estadounidense de este 2016, queda la duda, ¿de qué se trató la campaña? En este sentido, se observa que temas como la inmigración ilegal ni siquiera se encontraban en la agenda de campaña inicialmente. Fue Donald Trump quien en su discurso de inicio mencionó la amenaza que según él representa la inmigración ilegal. A partir de allí, el tema se volvió parte de los debates de la primaria republicana y se mantuvo hasta en la elección general. 

Otro tema recurrente fue el terrorismo. Los ataques que se han dado en este 2016 por parte de miembros de ISIS, hizo que dicho fenómeno apareciera en repetidas ocasiones como el objeto central de campaña. Sin embargo, los escándalos de supuesto acoso sexual de Donald Trump y de corrupción de Hillary Clinton también obtuvieron un alto grado de atención por parte de los medios, y se convirtieron en los temas principales en las últimas semanas.

Un tercer punto de la campaña ha sido el rechazo a la clase política. Donald Trump lo ha sido utilizado para legitimar su estilo “políticamente incorrecto”. Por su parte, Clinton ha respondido argumentando que ella apela a una visión de Estados Unidos “más tolerante e inclusiva”, en la cual los políticos sean capaces de hallar puntos de encuentro.

Por último, otra fuente de discusión en la campaña del 2016 fue la política económica y social de la administración demócrata, específicamente en lo concerniente al sistema de salud. El “Obamacare” tan rechazado por los líderes republicanos ha sido un caballo de batalla utilizado por Trump para mantener la fidelidad de quiénes han dudado de él a lo largo de la campaña.

Mientras que en 1992 los ciudadanos fueron a votar por un cambio en la política económica (Clinton), y en el 2008 por un cambio inspirado en la juventud y frescura de un candidato no tradicional (Obama), en este 2016 pareciera que no habrá un tema exclusivo por el cual los estadounidenses ejercerán su voto. Algunos lo harán pensando en la inmigración, otros en las amenazas terroristas, y otros en la política económica y social. El común denominador de todos los votantes será que se verán motivados por el miedo y el rechazo al contrincante, y por temas específicos a sus intereses personales, no necesariamente de país.

Sea cual sea el resultado de la elección de mañana martes, es preocupante que una de las democracias más sólidas del mundo, que ha sido ejemplo para otros países, se vea ante la posibilidad de elegir un candidato que tendrá desde el inicio el rechazo absoluto de casi la mitad del electorado. Quien gane la elección tendrá ante sí el reto de devolverle la legitimidad y la decencia a la política estadounidense, la cual se ha perdido de manera exponencial en esta campaña que tuvo de todo, menos discusión seria de los problemas de Estados Unidos, y por ende, del mundo.

Republicagt es ajena a la opinión expresada en este artículo