El paro del transporte es una buena lección respecto a nuestro muy débil sistema jurídico.
Según lo que me han contado, era un grupo de transportistas individuales los que se opusieron al cambio de horarios impuesto en la ciudad de Guatemala. Para ello implicaba hacer menos viajes al día y por tanto, menos ingresos. La decisión de ellos de bloquear era para lograr que dieran marcha atrás; por ello bloquearon aduanas y no la ciudad.
Ahora bien, el bloqueo nos enseña que tenemos un frágil sistema legal, pues un bloqueo de ese tipo debió concluir con arrestos. Hubo violencia contra los otros pilotos que sí querían trabajar y daños a camiones. ¿Presos? No. Eso no hay.
El sistema legal no tiene la solvencia suficiente para ser la cuña en la que se logre actuar. El cambio de horarios y la restricción por sí misma, es un asunto cuestionable jurídicamente, por la forma en que se hace y también es una medida que poco ayuda, pues el problema de fondo no ha sido atacado.
Que si construir un periférico, que si esto o que si aquello… en un país civilizado las carreteras no pasan en medio de los poblados. Las carreteras no atraviesan ciudades. En paises civilizados, la carga no se detiene, pero tampoco entra a los poblados. En nuestra ciudad capital, sin embargo, todos quieren que el 18 ruedas llegue a su bodega y las bodegas están al lado de las casas y las oficinas.
La infraestructura para carga es precaria y tiene los problemas de macrocefalismo que adolece nuestro país.
Es así que de la crisis hay que sacar lecciones y aprenderlas.

Mario E. Archila

 

Republicagt es ajena a la opinión expresada en este artículo