Ese dicho que dice que “no existe peor ciego que aquel que no quiere ver”, es muy cierto y se aplica para todo. Por eso es también cierto que ni “Roma se hizo en un día”. La realidad es pues que pretender que de un plumazo se resuelva el problema del tráfico en la Ciudad de Guatemala, es absurdo. La pasada huelga que causó pérdidas multimillonarias a Guatemala luego de 8 días de bloqueos e interrupciones al tránsito regular de carga es el desemboque de un caudal de problemas que venimos arrastrando de muchos años.

El Alcalde Metropolitano tiene razón en querer descongestionar el tráfico, primero que nada porque es una necesidad evidente, y segundo porque es verdad que ha sido el Alcalde con mayor visión de largo plazo y ha hecho muchas cosas positivas para que la Capital del país sea vista y premiada como una ciudad moderna. Ahora bien, si sus representantes se sentaron a negociar con los señores transportistas y pilotos desde diciembre del 2015 y no llegaron a nada, creo que un motivo debe haber.

Escuchando detenidamente a los representantes de los manifestantes, una de las cosas que más los enfureció fue lo que llamaron la prepotencia con que el Alcalde les impuso su decisión. Es obvio que tratar de negociar y razonar un asunto complejo de urbanística y logística como este con personas que evidentemente no comprenden la magnitud del problema es casi como hablar con la pared. Sin embargo, el tema comprende una cadena de eslabones que se han venido formando desde tiempo atrás.

Nuestras carreteras son insuficientes y muchas están en un estado cuasi calamitoso. Puentes en mal estado, y pretendemos que el gobierno haga milagros con cáscaras de huevo. ¿Porqué no imitamos a países como Colombia o Costa Rica, que han demostrado que no se necesita ser un neurocirujano para entender que concesionando carreteras es como mejor las hacemos funcionar? Colombia, por ejemplo, va por su cuarta generación de concesiones, obviamente porque funcionan. Ah, pero los chapines queremos carreteras a todo mecate, que el gobierno las construya, pero no queremos ni pagar más impuestos, ni formalizar la economía informal, ni que se mejore la recaudación tributaria, y tenemos que tratar con pinzas y ser políticamente correctos con políticas sociales creadas por gente que en su existencia ha sabido lo que es generar un peso con el sudor de su frente, exponiendo su bolsillo a las vicisitudes del mercado, a que le vaya mal etc. Ser empresario no es fácil, ser burócrata, bueno, decida usted que es más fácil.

Por lo que decidir sobre el dinero ajeno es tan fácil. Resentir que otros han arriesgado y tenido éxito está de moda. Ah, pero no se ponen a pensar que sería de Guatemala sin las empresas generadoras de progreso, generadoras de empleo, que mueven nuestra economía.

Todo gratis, fácil es exigir. Que nuestra gente necesita de todo, es innegable, pero no es con medidas que se han demostrado obtusas en todo el planeta que se logrará mejorar la vida de nuestros pueblos indígenas. Si fuera por el CUC o CODECA y sus secuaces, Guatemala sería otra Eritrea. ¿Es eso lo que queremos? Contar con que nuestros indígenas lo comprendan es un reto, pero no es imposible.

Creo que si como en el caso de los manifestantes, se le explica a la gente las consecuencias de las medidas, si se les explica con palabras sencillas lo que pueden afrontar si se decide una u otra opción, la gente entiende. Es cuestión de paciencia, de comunicarse en la forma más idónea. La gente está predispuesta a todo, piensan mal de todo y de todos, y esperan lo peor. Tienen razón, porque lo que hemos visto ha sido negativo en gran medida, y porque hablar de lo positivo no es políticamente correcto. El viejo estilo debe ser eliminado de nuestra mentalidad, sea para comunicarnos (peyorativa o en tono impositivo), sea para adoptar medidas (especialmente si demostradas ineficientes en medio planeta), o de hacer política a la antigua (impositiva y dictatorialmente porque “soy tatascán y punto”), se está viendo que no funciona.

Algunos visionarios ya veían venir la necesidad de crear ciudades intermedias, de incentivar polos de desarrollo en el interior del país. El Presidente Jimmy Morales lo dijo claramente la semana pasada, la huelga se detuvo pero la solución fue un paliativo, ya que se necesita resolver el problema de raíz, con medidas de fondo. Esperemos todos los sectores lo entiendan y asimilen el concepto, porque el Gobierno sólo no puede hacerlo, se necesita el apoyo del sector privado, del pueblo, y del Congreso. Claro, con un Congreso que ni entiende TCQ, pero ese es tema para otro artículo.

Dios nos ayude a ayudarnos…