Escribo esta columna en la aun resaca de las elecciones presidenciales de Estados Unidos. ¿Por qué nos importa tanto? Porque, nos guste o no, Estados Unidos sigue siendo el poder hegemónico mundial y, por lo tanto, sus decisiones en materia política, económica, migratoria, diplomática, etc. tienen repercusiones directa en nuestros países y en nuestros conciudadanos viviendo allá, especialmente para aquellos haciéndolo de manera ilegal.

Al leer las diversas reacciones, tanto de conocidos como analistas, es evidente la decepción, el shock, la incredulidad e incluso el miedo por la victoria de Trump. Una victoria que, así como el Brexit y el No en Colombia, ha sorprendido a propios y extraños. Son tantos los prismas a través por los cuales analizar estos resultados, que aún estamos digiriendo, que ofrezco estas anotaciones generales:

·         El voto oculto: virtualmente todas las encuestas, proyecciones y análisis daban por ganadora a Clinton. En algún momento me topé con alguna que otorgaba 99% de probabilidades a la victoria demócrata. ¿Es que todos los modelos se están volviendo obsoletos? No necesariamente, pero si muestra señales de una elección atípica (sobre todo por el factor Trump) donde el voto oculto terminó por decantar la elección. El voto oculto en las encuestas, aquel que todos parecieron obviar, se deriva primordialmente de la estigmatización hacia una parte del electorado que fue ridiculizado y satanizado, en este caso como racista y misógino (entre muchos otros epítetos) y que no se sentía cómodo mostrando su verdadera inclinación cuando era consultado. No era lo políticamente correcto. Esta estigmatización fue potenciada también por los medios de comunicación, en su mayoría mostrándose ampliamente a favor de Clinton. Esta dinámica, sobredimensionada y resonada en redes sociales, infló las posibilidades reales de una victoria demócrata. La estigmatización también se vio reflejada en el Brexit (a favor = xenófobo) y en Colombia (no = a favor  de continuar la guerra).

·         La arrogancia de la estrategia demócrata: estas posibilidades infladas de una posible victoria generaron un falso sentido de confianza del lado demócrata, considerándose ganador antes de jugar el partido. En las primeras autocríticas post-resultado, se habla de una estrategia de campaña en donde se tomó por sentado tanto el voto masivo latino (que al final no fue así) como el voto de “Rust belt” en estados tradicionalmente demócratas (Wisconsin y Pensilvania sobretodo, ya que Ohio siempre fue un estado  incógnito) que al final fueron tomados por Trump, los cuales fueron clave para su victoria. De nuevo, los medios de comunicación fueron un factor en sobredimensionar este sentido de victoria.

·         El impacto para el latino: escucho a muchos latinos (tanto dentro como fuera de Estados Unidos) con reacciones prácticamente apocalípticas a raíz de la victoria de Trump. Si, el candidato republicano durante su campaña denigró a los mexicanos, apeló a la xenofobia y al racismo, habló de expulsar a todos los inmigrantes ilegales, prohibir el ingreso de musulmanes al país, etc. Es decir, entiendo la preocupación, pero sería un tanto más precavido antes de proclamar el holocausto. Recordamos que el gran y querido Obama es el presidente que más inmigrantes ha deportado en la historia y quien no llevó a cabo la reforma migratoria que ofreció al electorado latino durante su campaña. Una cosa es la retórica, otra la acción; y muchos factores entran en juego, especialmente en Estados Unidos, para que se dé, por ejemplo, una deportación masiva.

·         El sistema democrático estadounidense: este punto es clave para explicar el punto anterior. Si bien Trump tendrá ambas cámaras del congreso con mayoría republicana (algo que se da por primera vez desde 1928), grupos de presión, lobbies, opinión pública y otras entidades tanto gubernamentales como civiles entran en juego a la hora de implementar políticas. Trump enfrentará resistencia por múltiples frentes.  Estados Unidos no es una república bananera donde un caudillo puede jugar al poder a su gusto. Estados Unidos tiene un sistema con pesos y contrapesos, sistemas de fiscalización e instituciones que, en teoría, frenarían a un tirano en potencia. Hay que ser vigilantes, pero que no cunda el pánico. Al menos, aún no.

Jorge V. Ávila Prera

@jorgeavilaprera

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