La lata de galletas danesas

50

El árbol, las luces, el nacimiento y algunas figurillas de Santa Claus y muñecos de nieve… y, por supuesto, las galletas danesas; estas son ya un elemento más en la época navideña. Identificarlas es sencillo, pues no vienen ni en caja ni en bolsa, sino en lata. Por lo general, estos característicos envases son de color rojo o azul, y adentro tienen un surtido de unas 5 o 6 clases distintas de galletas; todas saben casi igual, pero resulta inevitable ponerte a escoger cuál agarrar para remojar en la leche o el café.

Sin embargo, si algo es bien sabido por muchos niños es que esas latas no siempre son lo que parecen; las ganas de un chiquillo de hacerse, a escondidas, con una Brysslkex de mantequilla se ven truncadas por una maraña de hilos, agujas, retazos de tela y algún que otro dedal. Así es, las madres han sabido reciclar las latas de galletas para convertirlas en auténticos kits de costura.

Algo parecido ocurrió hace un par de días en Estados Unidos.

Cuando los partidarios del Demócrata y los miembros de la comunidad internacional vieron las encuestas previas a los comicios, y aún con estos ya iniciados, cuando Hillary Clinton se hizo con los 55 votos electorales del Estado de California, estos se veían ya con un botín de galletas de mantequilla, harina y azúcar. Muchos habían asumido ya que quizá no eran auténticas danesas hechas en alguna pastelería centenaria de Copenhague, que quizá eran una imitación india o costarricense, pero, a fin de cuentas, eran galletas.

Sin embargo, a medida que el escrutinio avanzaba y se despejaban Ohio, Florida, Carolina del Norte, ¡Pennsylvania!… se dieron cuenta de algo: su madre, la democracia representativa, había cambiado el postre nórdico por ovillos de hilo blanco, naranja y amarillo, tiras de tela fina (posiblemente italianas, de importación) y, por supuesto, agujas y ganchos.

Esto es, por supuesto, desde un punto de vista; por el otro lado, el cual no podemos decir que es exclusivo de la América blanca y campechana (la victoria habría sido imposible si solo ese colectivo hubiese votado por el Republicano) además de galletas de mantequilla encontraron Rugbrød, o pan de centeno danés, por montones. Todo un festín digno de fin de año.

Desde mi punto de vista, no creo que dentro de esa lata hayamos encontrado galletas, pero tampoco artículos de costura. En cambio, a modo de muñecas Matrioskas, lo que apareció es una nueva lata. ¿Por qué digo esto? Porque lo que sabemos de Trump como político es lo que él mismo nos ha dicho que será; nadie lo ha tildado de xenófobo o de “potencial amenaza nuclear” (por dar un par de ejemplos) sin basarse en comentarios o propuestas que ha hecho durante la campaña recién finalizada pero, la cosa es, ¿realmente hará todo lo que ha dicho que hará? A fin de cuentas, las latas de galletas también tienen dibujos de lo que supuestamente contienen, incluso traen escritos los ingredientes de cada variedad.

De aquí a enero tenemos para contemplar la nueva lata de galletas que nos han puesto enfrente, y ni siquiera entonces podremos estar seguros de su contenido. Hay que recordar que en Estados Unidos existe un Congreso, que se divide en la Cámara de Representantes y el Senado, además de una Corte Suprema. Como dijo el abogado español Antonio Garrigues Walker, refiriéndose a Trump, “el poder te modera”, y creo que por “el poder” se refiere precisamente a estos órganos cuya principal función es, justamente, evitar que uno de los Poderes se alce muy por encima de lo que representan la libertad y la democracia.

¿Tocará postre o agujas? Yo por mi parte, en estas fechas, soy más de turrón de Alicante.