Las redes explotaron ésta semana con las fotografías de la sexta avenida de nuestra ciudad capital. Y no, no eran fotografías agradables. No habían personas felices, ni nuevos monumentos ni se trataba de un nuevo estilo de jardinización. De lo que se trataba era de una gran pelea, de vandalismo y destrucción.

Como escribí antes, las redes sociales estuvieron ardiendo con comentarios y críticas de lo que pasó. Estuvieron aquellos que defendieron las actitudes de la municipalidad y estaban otros a quienes les indignó que estos vendedores callejeros fueran desalojados así.

La verdad es que de toda la ciudad, la sexta, es mi lugar favorito. Me encanta la paz que hay en ese lugar. La gente camina ansiosa en todas las calles de la zona uno pero en la sexta, la gente camina con tranquilidad. Hay una atmósfera de seguridad y hasta da gusto detenerse a ver cada pequeña cosa que sucede.

Yo que he visitado seguido éste lugar, he visto con mis propios ojos a los cientos de vendedores que se acercan a esta arteria principal para ofrecer sus productos. He visto y les he comprado a los que venden burbujas, estuches para celulares o manzanas acarameladas. Conozco al vendedor de rosas, a los que hacen adornos de lata y a quienes ofrecen una sesión de fotos gratis.

Hay muchos personajes clave que le dan más vida a esta avenida mágica. Hay muchas facilidades al decir “voy a ir a la sexta” con la certeza de encontrar algún producto. Y de verdad, hay cosas divertidas para ver y hacer con todas éstas personas latiendo en cada cuadra. Sino, pregúntenle a mi mejor amiga cómo y porqué terminamos en una sesión de lectura de mano.

Me molestó muchísimo ver cómo quedaron destruidas muchas partes de ésta avenida. Hay personas que de verdad le han puesto empeño a hacer de éste un lindo lugar para todos nosotros. Me parece un completo error haber tratado de solucionar el “problema” con los vendedores callejeros de ésta manera y en éste lugar. Y culpo a ambas partes de haber arruinado un lugar que es el centro comercial por excelencia y único lugar de paseo para muchas personas.

Al mismo tiempo, sigo creyendo que ésta es una de las múltiples fallas que vamos a encontrar en el país que nacen de la doble moral. De dos caras que quieren convivir y no lo logran. De dos realidades que chocan y van a seguir chocando. Un proyecto como el de la sexta avenida, que busca ser un espacio sofisticado, tranquilo, seguro y libre de vendedores (como pasa en el primer mundo) suena bien; pero hay que ser realistas, somos un país tercermundista ¡hay más gente preocupada por darle de comer a su familia que por tener un lugar hermoso donde recrearse!

Así que de eso se trata todo. Las ideas de la Municipalidad son muy buenas y nos están dejando muchos espacios para poder recrearnos dentro de la ciudad. Pero también la necesidad de trabajo para los guatemaltecos es muy real y quitarles esa única oportunidad que tienen nos deja familias en peores condiciones económicas. Probablemente lo que mejor nos quedaría, es re-pensar el concepto de éstos proyectos. Digo, porque el hecho de que a países como Estados Unidos o Alemania les funcione de cierta manera, no quiere decir que a nosotros nos tiene que funcionar con las mismas condiciones.

Todo cambio que se promueva en nuestro país encaminado a mejorar la vida de los habitantes es bienvenido. Pero todas esas ideas que importamos de otros países, tenemos que adaptarlas a nuestra realidad. Allá quizá no exista la cultura del vendedor ambulante, pero acá sí y si se hace con el orden correcto puede representar hasta un atractivo más.

¿Cuándo se van a poder crear cambios reales? Cuando logremos combinar lo que somos, con las buenas ideas de otros. Lastimosamente hasta hoy, sólo somos unos tercermundistas tratando de vivir como los del primer mundo con un montón de obstáculos a cuestas.

Republicagt es ajena a la opinión expresada en este artículo