La victoria de Donald Trump llegó de manera insospechada para muchos. Si bien las encuestas daban la victoria a Hillary Clinton, las encuestas reflejaban que durante el último mes Donald Trump estaba en ascenso mientras que Clinton venía cayendo.
Para muchos el triunfo de Trump pasaba por ganar Florida, Ohio y Carolina del Norte, estados importantes por la cantidad de colegios electorales que otorgan. Pero lo más inesperado del triunfo fue el resultado que obtuvo Trump en estados tradicionalmente azules (demócratas). Trump consiguió ganar en Wisconsin, donde no ganaba un republicano desde Ronald Reagan y en Pennsylvania y Michigan, estados donde no ganaba un republicano desde Bush padre.
El triunfo de Trump infunde terror y desesperanza en muchos pues no se explican cómo es posible que un candidato que amenazó con expulsar a 11 millones de indocumentados, que ofreció construir un muro en la frontera con México y obligar al gobierno de este país a costearlo, que se mofaba de sus rivales, consiga ganar una elección.
Y aunque estas afirmaciones del nuevo presidente de Estados Unidos pueden ser objeto de preocupación, la pregunta más importante es por qué fracasaron tan estrepitosamente los demócratas. La respuesta está en el abandono que el hombre blanco y de clase trabajadora encuentra en el programa de gobierno demócrata. Las prioridades de los demócratas estuvieron cada vez más alejadas de un partido que impulsó una agenda que promovía temas interesantes como la protección a las minorías étnicas, a los derechos de la comunidad LGBT, entre otros, pero que se olvidó durante muchos años del hombre blanco perteneciente a la clase trabajadora.
La derrota del partido demócrata también se vio reflejada en las elecciones al congreso. Los republicanos tienen mayoría en el senado (51 a 48) así como en la cámara de representantes (239 a 192). La gran incógnita será la relación que tenga Trump con los congresistas republicanos pues no cuenta con el aval de la élite del GOP.
Habrá que ver cómo se desempeña el nuevo gobierno en esas circunstancias. La “vetocracia”, como la llama Francis Fukuyama, ha sido un problema en los últimos años en los Estados Unidos. Alcanzar consensos para aprobar leyes es cada vez más complicado y las cámaras suelen vetar las políticas del ejecutivo con frecuencia. Buena parte del malestar del electorado tiene que ver con eso.
La buena nota es que, Montana, Dakota del Norte, Arkansas y Florida votaron a favor de la iniciativa que proponía legalizar la marihuana para uso medicinal. Asimismo, Maine, Nevada, Massachusetts y California aprobaron el uso recreacional de la marihuana. Sin duda un avance positivo en política de drogas.

Republicagt es ajena a la opinión expresada en este artículo