El 9 de noviembre se conmemoró un aniversario más de la caída del muro de Berlín. Ya pasaron 27 años desde que familias enteras pudieron abrazarse de nuevo. Ni siquiera puedo imaginar la alegría de todo un país celebrando la unidad y la caída de otros muros menos evidentes.
Es irónico pensar que, en este año, el día anterior a recordar esta fecha, y logro para la humanidad, el señor Donald Trump se convirtió en presidente de los Estados Unidos. Sobre todo, porque en uno de sus nada acertados discursos su tema principal fue la elaboración de un muro fronterizo entre México y E.E.U.U. Y lo más triste fue que la simple idea de esta pared divisoria, construyó murallas mentales de verdad en muchas personas. Creo aún más estereotipos para los latinos. Su promesa de “Hacer américa grandiosa otra vez” es a base de discriminación, racismo y falta de respeto a la dignidad de otras personas. Ha construido una serie de muros a través de sus palabras, de sus discursos llenos de rechazo a la diversidad, carentes de tolerancia y completamente absurdos.
Y nosotros aquí en Guatemala, no nos salvamos. También tenemos metidos en la mente un millón de muros. Y el perfecto ejemplo fueron los disturbios en la sexta avenida. Utilizar la fuerza y recurrir al vandalismo nunca es una opción. Se dañó infraestructura en la que todos hemos invertido y se perjudicó de manera irreversible la imagen de este sitio. Pero tampoco es justo que en un país donde las tasas de desempleo son enormes no se les permita a las personas trabajar de manera honrada. Igual y no es el sitio adecuado para vender, pero hay tantas soluciones antes de destruir entera una avenida y agredir a los implicados. Se supone que las autoridades están para velar por el bien de los ciudadanos, para proponer soluciones.
Tenemos tantos muros por tirar, esos de odio, discriminación, corrupción y superioridad. Tenemos tanto trabajo que hacer. La mejor manera de botar estas barreras es estar atentos a todo lo que pasa a nuestro alrededor. No desmayar en la lucha de ser la unión entre dos “bandos”. Todo es mejor estando unidos con un mismo propósito. Entre más separados estemos, más fácil será que nos venzan. Pero unidos, trabajando todos juntos por la dignidad de todos, será más fácil lograrlo. Darnos la mano es lo que nos falta, aprender a ayudarnos y dejar de elegir bandos. Entender que los muros mentales, y físicos, no nos sirven de nada bueno, solo llegan a sembrar odio, venganza y separación entre todos. La invitación hoy es esta: ¡Debemos derribar muros!

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