Aproximadamente 86% de los estudiantes de último grado de diversificado habrán ganado el año y se habrán graduado de alguna de las 179 carreras técnicas. De estos, un poco menos de la mitad – unos 65,000 estudiantes, están ya preparándose para ingresar a una de las 15 universidades autorizadas en el país para formar parte de los cerca de 300 mil alumnos universitarios en Guatemala. Muchos ya habrán escogido su carrera y muchos otros más seguramente continúan evaluando la carrera que desean estudiar y a la que se quieren dedicar durante su vida profesional.

Algunos estudios indican que en el país existe una oferta de entre 900 y mil carreras universitarias, siendo las más populares las carreras de Humanidades (tales como Filosofía, Pedagogía, Letras y Arte), Ciencias Jurídicas, Sociales y Económicas. Las ciencias exactas son las menos atractivas para los estudiantes y carreras innovadoras han surgido, tales como emprendimiento, mecatrónica, ciencias forenses y balística, producción audiovisual y artes cinematográficas y otras con nombres llamativos. Según algunos informes, muchos estudiantes cambian de carrera después de terminar su primer año de estudios al darse cuenta que la carrera elegida no era lo que esperaban. Muchos eligen su carrera universitaria basados en la percepción de bajo contenido matemático, para luego darse cuenta que – aunque algunas carreras, tales como ingeniería, requieren un conocimiento más profundo de contenidos matemáticos, la Matemática es esencial en todas las carreras pues desarrolla el pensamiento crítico y razonamiento lógico.

Es iluso pensar que – con un abanico tan amplio de opciones de carreras universitarias – a los 18 años la mayoría de jóvenes tenga claro a que se querrán dedicar durante su vida laboral. Tener que elegir una profesión para “casarse” con ella a tan corta edad puede resultar en una pérdida de tiempo y productividad para los universitarios. Algunos se darán cuenta de esto durante su carrera y se cambiarán a otra que les guste más y muchos más se quedarán estudiando una carrera con la cual no se sienten satisfechos, convirtiéndose en profesionales que no disfrutan de su trabajo o eligiendo oficios totalmente ajenos a su preparación profesional.

Conozco abogados que en vez de ejercer el derecho resultan siendo comerciantes, constructores o artistas. Sé de médicos que ejercen como educadores y de ingenieros que se convierten en vendedores y muchas otras disonancias entre preparación universitaria y oficio. Para el país es una pérdida que estos profesionales no tienen la preparación idónea para el oficio que deciden ejercer y quienes ejercen la carrera estudiada, aunque no les guste, corren el riesgo de convertirse en profesionales mediocres. Las estadísticas no consideran que, no solo tenemos una baja tasa de cobertura en educación superior (12 por ciento de la población entre 18 y 24 años estudia en la universidad, una de las tasas más bajas de cobertura de la educación superior en Latinoamérica), sino que peor aún, estamos graduando profesionales que no necesariamente están preparados para ejercer eficazmente el oficio al que se dedicarán.

En Israel, al graduarse de nivel medio, la mayoría de jóvenes asiste al ejercito: 3 años para los hombres y 2 años para las mujeres. Al terminar el ejército muchos dedican un año para viajar por Europa, Asia o Latinoamérica e ingresan a la universidad a los 21 o 22 años de edad. Para ese entonces tienen un nivel de madurez superior a los jóvenes que ingresan la universidad a los 18 años; han tenido experiencias que les permiten tener más claro su futuro profesional e incluso, han tenido oportunidad de salir de su capullo y viajar por el mundo. De los adultos israelís entre 25 y 64 años, el 85% han terminado la universidad y muchos estudiaron la carrera en la cual efectivamente ejercerán durante su vida profesional.

Las diferencias de los sistemas educativos de Guatemala e Israel son abismales y las características sociales de ambos países incomparables. Sin embargo, la referencia me permite notar que, en el momento de elegir su carrera, el joven israelí ya ha desarrollado una madurez que puede darle una ventaja para elegir más asertivamente la profesión que ejercerá durante su vida laboral y por ende, al trabajar para lo que se preparó le permitirá ser más efectivo y tener una vida profesional más feliz. ¿Qué es lo que sería más productivo para la sociedad guatemalteca? La respuesta no está en estos cortos párrafos, pero quiero dejar esta inquietud, pues considero que muchos solo seguimos los esquemas que conocemos o que se nos presentan sin cuestionarlos.

Y ahora, ¿qué camino elegirán los graduandos? Es el momento de iniciar una nueva etapa en su vida, así que: en sus marcas, listos, ¡fuera!

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