Bloqueos y manifestaciones como herramientas de negociación

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Vivimos con la permanente incertidumbre ante la posibilidad de encontrarnos en cualquier momento y lugar con bloqueos o manifestaciones que, por pacíficas que sean,  no dejan de interrumpir o congestionar el tránsito de vehículos y las personas y productos que en ellos se transportan.  Es posible que nos aparezcan en cualquier parte del país, anunciados o no, provocados por problemas nacionales, departamentales o municipales.  Recientemente se produjeron bloqueos a cientos de kilómetros de distancia del municipio al que se quería apelar, convirtiendo algo local en nacional.  Provocando grandes pérdidas a comerciantes, grandes y pequeños, sus colaboradores y al estado.

Si los bloqueos son una herramienta de negociación para lograr revertir o modificar una medida, o para lograr visibilizar una situación que no logra la cobertura mediática que el bloqueo si logra, pareciera que en algún momento el liderazgo de la protesta no asume ese sentido negociador que en última instancia permitirá encontrar  soluciones.  Es de esperar que ese, precisamente, sea el objetivo último de toda protesta: la búsqueda de soluciones.

Bloquear una carretera porque ya es intransitable y las promesas de mantenimiento y reparación no se cumplen, debiera de ser un recurso extremo.  Cuando ya los consejos de desarrollo locales, municipales y departamentales no pudieron hacer nada.  Cuando los alcaldes también se manifestaron incapaces.  Cuando el Gobernador tuvo oídos sordos ante los reclamos.  ¿O es que ya resulta más fácil, y hasta alegre y entretenido, hacer un bloqueo?

Periódicamente se desarrollan protestas con bloqueos y marchas que cubren buena parte del país.  Con alto nivel organizativo llevan en las marchas, entre otras, consignas por la derogación de leyes con décadas de antiguos güedad, como la nacionalización de lo privatizado a finales del Siglo XX, en las que el concepto de negociación, por donde se quiera ver, no se asoma.  Oposición a las industrias extractivas y a la hidroeléctricas, son también temas recurrentes en las pancartas y las pintas que van quedando en el camino.  Son llevadas adelante por movimientos que gozan de cooperación internacional, en el entendido de que forman parte de procesos para educar para la participación ciudadana a la población excluida, incluyendo conceptos ambientales y de equidad.  Pero revertir una privatización es una situación muy compleja y en el camino de negociación para lograrla, no se avanza un centímetro durante las horas que dura la protesta.

La educación para la participación ciudadana y el fortalecimiento de la sociedad civil que la induce y acompaña, bien podría avanzar por otras rutas.  En lugar de protestar ante la construcción de una hidroeléctrica o la operación de una minera,  se deberían canalizar todos esos valiosos recursos hacia la vigilancia de que se construyan y operen siguiendo planes de manejo ambiental y social internacionalmente regulados.  Y al hacerlo de esta manera se está educando para la participación ciudadana responsable.

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