Si bien es cierto que desde 1993 venimos hablando de la necesidad de reformar algunos artículos de la Constitución Política de Guatemala, eso no significa que debamos aprobarlas en el 2016, y menos por obedecer a intereses obtusos y retrógrados que se empeñan en imponer reglas que han fallado en todos lados. Que es evidente la agenda que tienen, es obvio. Tapar el sol con un dedo es imposible. Si bien crea el Consejo Nacional de Justicia que algunos consideran positivo porque busca limitar la influencia política en el Organismo judicial, substituye a las Comisiones de Postulación y descarta funciones administrativas de la Corte Suprema de Justicia, tiene su lado negativo y complejo que por ejemplo, establece una rendición de cuentas que supedita al sector a otro ente, la Corte Suprema de Justicia está por encima de éste nuevo ente, el cual está adicionalmente politizado ya que sus miembros son ajenos al Organismo Judicial.
Entre los muchos aspectos del actual proyecto de ley que fuera aprobado este miércoles 16 en primera lectura, el tema de la justicia indígena es particularmente irritante. Irritante porque quienes dicen querer igualdad de derechos, son quienes gritan, invaden tierras, linchan gente con la excusa del derecho consuetudinario, cierran minas, atacan propiedad privada y a veces pública, se comportan con violencia y como si estuvieran por encima de la Ley. Ley con mayúsculas, porque es la que nos debiera regir a todos los guatemaltecos. Hasta dónde entiendo GUATEMALA es UNA e INDIVISIBLE. Guste o no, no es la república Maya, ni la república Garífuna, ni la república Ladina, ni la república China, ni la república árabe, ni la república judía, ni la república Xinca. Somos todos los que ostentamos la ciudadanía, ciudadanos por igual, con los mismos derechos y las mismas obligaciones. O al menos, así es en teoría.
Lo de Autoridades Ancestrales me parece tan ilógico, y da mucho que pensar de como viene designado. Y me pregunto si piensan crear 27 tribunales, diferenciando cada etnia indígena. Es sin duda, una discriminación solapada que únicamente institucionaliza la desigualdad. Para rematarla, tiene errores que dan lugar a anticonstitucionalidades.
Quienes dictan desde Oslo o desde Estocolmo, como dice el Diputado Fernando Linares Beltranena, que se debe crear una ley exclusiva de uno de los sectores mencionados, debiera irse de vuelta a su país vikingo, y dejar de inmiscuirse en los asuntos internos del nuestro. Me pregunto cuando habrá una ley que proteja a Guatemala de la injerencia de esos personajes que no terminan de entender nuestra realidad nacional. Totalmente de acuerdo, urge crear fuentes de empleo, urge que haya agua potable, que funcionen hospitales y escuelas, que nuestros indígenas tengan acceso a una vida con salud, bienestar, y la modernidad que no atenta contra su identidad, sino que le agrega más valor y la enriquece. Usar celular, manejar un vehículo, ver TV, escuchar radio, votar, hacer trámites, pagar impuestos, recibir un salario y usar un banco o ir al supermercado son todos elementos occidentales (ladinos por así decirlo) que les mejoran la vida, sin cambiar su identidad cultural. Pero para vivir como ciudadanos, debemos ser todos hijos o todos entenados. Siglo XXI señores, exijamos igualdad ante la Ley como base de un país próspero y libre.
El que el Congreso haya pasado en primera lectura ese proyecto de ley mediocre y obtuso únicamente significa que el mismo ha entrado a consideración del pleno. Esto obedece a que le están dando gusto a quienes lo empujan usando presionando a su herramienta roja dentro del Legislativo, peones que jamás aceptarán públicamente de quien reciben instrucciones, aunque esto sea obvio. Ahora le toca a la sociedad civil que no quiere un socialismo, sistema retrógrado y obtuso que se ha demostrado en infinidad de ejemplos que no funciona, hacerse valer y hacerse sentir. La balanza de poder cambiará dentro de 65 días, y si nos ponemos las pilas los amantes de la libertad, de la Democracia y de la autodeterminación de nuestro pueblo, quizás Guatemala se aleje de esa filosofía obtusa y progrese. La ley ordinaria ya contempla soluciones para todo tipo de crimen y falta a la Ley.
De cualquier manera, faltan dos lecturas más ya que no es sino en tercera lectura que un proyecto de Ley es aprobado. Adicionalmente, por ser tan controvertidas las reformas deberemos hacer un plebiscito. En 1994 se intentó pero ganó el No, por lo que desde entonces se viene dialogando el tema pero evidentemente, en un diálogo sordomudo y estéril. Algo tan delicado debiera ser analizado profundamente, escuchando a los expertos constitucionalistas y a quienes tengan aportes substantivos. Y para rematarla, la gracia nos cuesta millones de Quetzales, que no tenemos.
Guatemala debe ser fortalecida por una unidad lógica, y no debilitada institucionalizando diferencias obtusas. La nación es UNA e indivisible, y someter nuestra soberanía judicial a los antojos de extranjeros que ni viven aquí, a quienes poco les importa el destino de Guatemala y sólo buscan pasar a los anales de la Historia como “paladines de la justicia” según ellos, sin importar las consecuencias de las recetas que imponen. Guatemala despertemos. No podemos permitir que las diferencias vengan institucionalizadas, no podemos permitir que otros vengan a decir como debemos funcionar. Guatemaltecos somos todos, y debemos luchar porque esa igualdad sea institucionalizada, no las diferencias.

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