Hay algunas palabras en nuestro idioma que nos da miedo escuchar, algunas como muerte, indiferencia, guerra o pérdida. Y hay otras como “perpetuo” que nos da algo más que miedo. Es decir, ¡Qué horror que algo sea para siempre! Existiendo tantas posibilidades en el mundo, ¿por qué deberíamos limitarnos con algo para el resto de nuestras vidas? Además, asociamos también esto como una condena, algo que solamente es consecuencia de los malos actos que hemos realizado y por castigo debemos “atarnos” a algo/alguien de por vida.
Pero hay que decir que siguen existiendo las personas valientes, que apuestan por todo a razón de sus principios, por eso que soñaron toda su vida o que después de conocer a alguien decidieron apostar por un “para siempre” porque tienen claro que se saben felices y plenos en este sitio en el que desean quedarse. Y tenemos tantos ejemplos, esos ancianitos que siguen casados a pesar del paso del tiempo. Los que deciden abandonar su país porque vieron la necesidad de sus talentos en otro lugar. Y también aquellos que decidieron dejar todo atrás a causa de Dios.
Hoy quiero centrarme en estos últimos. Quiero hablar de mis amigos que hoy harán su profesión perpetua. Seis salesianos harán en El Salvador su para siempre. Hoy unen su vida, sus manos y sueños a los de una congregación que inició justamente así, de un sueño. Se unen a nuestra amada Iglesia de una manera hermosa. Desde aquí quiero decir que me siento orgullosa de cada uno. Desde lejos, o de muy cerca, he visto cada uno de sus pasos dentro de este camino. Y muchas veces sin saberlo, han dado ánimos y ejemplo a muchos de nosotros. Hoy no solamente harán historia en sus vidas, la harán en el mundo, en nuestra historia y en nuestra Iglesia. Son los hombres que Don Bosco soñó, los que Dios imaginó para su misión desde antes del inicio de todo.
Gracias por responder a su llamado, por no tener miedo a decir que sí, ni atemorizarse con los para siempre. Gracias a cada uno por dejar de pensar en cada uno como una persona individual y verse como una parte del cuerpo de nuestra amada Iglesia. Gracias a ustedes por ser tan valientes, tan soñadores. Gracias porque a través de su alegría nos han dado un ejemplo infinito de amor y entrega. Gracias por todas las memorias que hemos construido. Gracias otra vez por enseñarme que no se vale el miedo a lo eterno, que de hecho se disfruta saberse con un destino. Por todo lo que viene en sus vidas. GRACIAS POR SUS SUEÑOS Y VIDAS. Rezo por ustedes y sé que ustedes lo hacen por mí.

Repunlicagt es ajena a la opinión expresada en este artículo