Hace unos cuantos días circuló el mensaje QueremosDebate en Twitter siendo el tema más discutido de ese día en Guatemala. La discusión comenzó siendo una exigencia con respecto a uno de las labores más importantes que tienen los diputados: debatir a profundidad y con argumentos sólidos no solo las reformas constitucionales sino también todas las decisiones políticas que toma el legislativo. Poco a poco aumentaban los mensajes positivos y constructivos que recordaban la importancia que tiene el debate en una institución que ha carecido de discusiones ideológicas y de representación en las últimas décadas. Sin embargo y como cosa rara, no tardaron en llegar también los mensajes que criticaban este tipo de propuestas.

            Uno de los argumentos que más escribieron los tuiteros fue que ya se había discutido lo suficiente la propuesta en las mesas de trabajo. Aunque en efecto las mesas de trabajo en la que compañeros míos participaron fueron de utilidad y también fomentaron el debate, el documento final no representaba las posturas de todos los sectores e incluso muchas propuestas quedaron ambiguas. Esto significa que la responsabilidad de redactar una propuesta de reforma que se adecúe a las necesidades y exigencias de los ciudadanos le queda como corresponde a los diputados del congreso.

            Otro mensaje que celebridades virtuales aclamaban era que no se podía confiar en los diputados y tienen un punto valido al reconocer que el Congreso es de las instituciones en las que menos confían los guatemaltecos. Sin embargo hay que recordad que los diputados durante esta legislatura han demostrado que se puede avanzar en temas importantes y que la presión de los ciudadanos puede ser efectiva. En ese sentido es importante que la presión se dirija a que se haga una propuesta que en efecto vaya a representar a la mayoría de la población y que logre resolver las inquietudes que hemos tenido los guatemaltecos desde hace mucho tiempo.

            Por ultimo criticaban la propuesta de debate como una forma de estancar y paralizar la aprobación de las reformas. Bajo este argumento deberíamos evitar las discusiones de cualquier iniciativa o incluso eliminar cualquier recurso que se pueda mal utilizar con lo que terminaríamos eliminando la institución misma ya que no podría cumplir ninguna función.

            Queda por lo tanto una responsabilidad que también tenemos como ciudadanos o como miembros de organizaciones de opinión o de activismo y es hacer lo que hemos hecho a lo largo de este año: seguir exigiendo que los diputados cumplan de forma adecuada y transparente todas y cada una de sus funciones y así representar verdaderamente el sentir de las personas y no solo de una minoría que se ha adjudicado el sentir de las manifestaciones.

Republicagt es ajena a la opinión expresada en este artículo