A las 22:29 horas del viernes, Fidel Alejandro Castro Ruz falleció en Cuba. Su deceso motivó expresiones de tristeza y alegría, aunque no de sorpresa, porque su fallecimiento era temido por unos y esperado por otros en cualquier momento, debido a su avanzada edad: 90 años cumplidos en agosto pasado, su última aparición pública.

La noticia de inmediato le dio la vuelta al mundo y en Guatemala también tuvo eco. En la historia de ambas naciones hay diversos hechos que siempre se recuerdan cuando se habla de las relaciones entre los dos territorios parecidos en cuanto a su extensión y cantidad de habitantes.

[quote_center]Si vamos muchos años atrás, dos insignes cubanos resuenan en la mente de los guatemaltecos, por lo menos en los recuerdos de aquellos que han tenido la dicha de cursar los primeros grados de estudio, porque sus nombres quedan grabados para siempre, curiosamente se trata de dos poetas: José Martí y José Joaquín Palma.[/quote_center]

El primero por ser el autor de uno de los poemas más significativos para el país: La Niña de Guatemala, aunque muchos, sin saberlo, lo citan todos los días porque con su nombre fue bautizado uno de los principales ingresos de la capital.

El segundo, quien hizo de Guatemala su segunda patria, es el autor de la letra del Himno Nacional, por tanto, su nombre también es citado en todo tiempo y su creación sigue siendo orgullo nacional.

Invasiones de dos vías

Durante 38 años las relaciones diplomáticas entre Cuba y Guatemala estuvieron en su nivel más bajo. En 1960, presionado por Estados Unidos, el presidente Miguel Ydígoras Fuentes, como sucedió con muchas naciones de América, retiró a su embajador de la isla y de inmediato el país se sumó a uno de los bandos de la llamada Guerra Fría, refiere Eduardo Stein, excanciller y exvicepresidente de Guatemala.

[quote_box_center]Así lo vieron los cubanos y así fue. La Unión Americana usó territorio nacional, específicamente la finca Helvetia de Retalhuleu, para preparar y entrenar a un grupo de cubanos exiliados que intentó derrocar a Fidel Castro en la llamada invasión de Bahía Cochinos, plan que no prosperó, pero que dejó una grieta más en esta relación.[/quote_box_center]

Luego vino otra etapa marcada por el conflicto armado interno del país. Cuba, en su afán de extender la experiencia revolucionaria-comunista, entrenó a decenas de guerrilleros guatemaltecos para tomar el poder por medio de las armas, tal como lo hizo en Nicaragua.

[quote_center]Lo único que facilitó el gobierno de Fidel Castro fue tácticas y estrategia de todo tipo, pues el armamento provino de otros países y la guerrilla local se autofinanció cobrando “impuesto de guerra” y, en muchos casos, con secuestros, agrega Stein.[/quote_center]

El Papa abre la puerta
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Álvaro Arzú reestableció las relaciones con Cuba.

La desintegración de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría trajo nuevos vientos y un hecho particular, la visita del Papa a la isla, abrió la puerta. “Que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba”, fue la frase que animó al entonces presidente de la República, Álvaro Arzú, a dar el paso para reestablecer las relaciones diplomáticas.

No fue nada complicado porque ya existía cooperación, médicos cubanos ingresaban en  las áreas rurales para atender a los guatemaltecos ajenos al sistema de salud público y privado. Luego de 1998 este programa de incrementó y también se aceptó a estudiantes nacionales para prepararse en universidades cubanas. Se habilitaron vuelos hacia la Isla y el turismo fue prometedor, enfatiza el exvicecanciller.

Y ahora sin Fidel

Stein no ve mayores cambios en la relación entre Guatemala y Cuba tras la muerte de Castro, aunque sí considera que podría darse una transformación institucional más apresurada en democratización y respeto a los derechos humanos, pero que todo dependerá de las decisiones de Donald Trump, el presidente electo de Estados Unidos, pues la historia confirma que Cuba siempre ha dependido de la política exterior de la Casa Blanca, para bien o para mal.

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En la relación con Cuba existe un hecho singular que causó fuertes críticas. En 2009 Álvaro Colom entregó la Orden del Quetzal a Fidel Castro, pero el líder cubano, ya expresidente, ni siquiera la recibió.