“Nas alegrias e nas horas mais difíceis”; “en las alegrías y en las horas más difíciles”… así termina la primera estrofa del himno del Associaҫão Chapecoense de Futebol, y según parece, no habrá horas más difíciles que las que están viviendo en estos momentos.
Desde que en la noche del lunes 28 de noviembre, a eso de las 22:15 (GMT -05:00), se confirmó la desaparición (que resultó ser un trágico accidente aéreo) del vuelo 2933 de LaMia, medio mundo ha volteado la mirada hacia Cerro Gordo, en la localidad antioqueña de La Unión.
En Medellín se jugaba la Final de ida de la Copa Sudamericana, segunda competición en importancia en el fútbol de la América Austral. El Atlético Nacional, de Colombia, actual campeón de la Copa Libertadores (primera en importancia) esperaba a un equipo de esos que luego inspiran relatos de superación, uno que había eliminado a San Lorenzo de Almagro (actual subcampeón de Argentina y campeón de la Libertadores en 2014) en las semifinales, y eso que lleva apenas un par de campañas en la división mayor del futebol brasileiro.
Del Chapecoense podemos aprender muchas cosas. Así como el Leicester recordó las leyendas artúricas en la Premier League, o como el RB Leipzig, que rompe complejos en la Bundesliga alemana, este equipo del sur de Brasil alegró a una pequeña (muy pequeña) parte del país con la ciudad más poblada de Sudamérica. Una nación en la que el fútbol es una religión vio cómo del sitio más humilde posible (futbolísticamente hablando) nació un verdadero campeón.
Muchos nombres titulan esta tragedia y, ojo, no hay que olvidar que no todos ellos se enfundaban la camiseta verde del Chapecoense. Periodistas, directivos, paisanos y tripulantes también iban dentro de esa bala gigante que salió del aeropuerto Viru Viru pero que nunca llegó a sentir el asfalto del José María Córdova.
Para tanta gente, tantas historias, como la de Tiaguinho, quien poco antes de abordar el avión se enteró de que sería padre. Las enseñanzas del fútbol son muchas si se lo sabe apreciar, y en ocasiones extraordinarias (para mal) como estas, el aprendizaje va más allá de lo ordinario. Quizá ese niño crecerá pensando que el árbitro no siempre da el silbatazo final en el momento indicado.
Otra es la de Cléber Santana, quien tras no pegar como esperaba en Europa vivía una segunda edad de oro en el fútbol. Sin embargo, sigo pensando que las historias más desgarradoras que nos dejó esa fatídica noche son las del casi; la de los jugadores que casi vivieron en su propia carne la tragedia, como Alejandro Martinuccio, pero que a cambio se han visto a sí mismos dentro de un vestuario vacío, dentro de un retrato de familia que ha perdido el verde para tornarse blanquinegro. O la de quien casi sobrevive al accidente, como Danilo Padilha. Me cuesta imaginar cómo pasaron las horas de los familiares del arquero brasileño, a quienes les dieron la noticia de que su Danilo vivía, para luego comunicarles que dejaba de respirar, ya no en la campiña colombiana sino en un hospital antioqueño.
Al final el fair play, la deportividad, el señorío y, lo más importante, el sentimiento de humanidad nos recuerdan que siempre hay algo que nos une, y que actividades como el fútbol no hacen sino fortalecer estos lazos. De los cientos de mensajes en honor de las víctimas del accidente que he visto a través de las redes sociales y los medios de comunicación, el más impactante, para bien, lo dejó el equipo al que se enfrentaría el Chapecoense en la Final. Lo bonito de este es que no fue solamente un mensaje, sino que venía precedido por una acción; el Atlético Nacional le pidió a la Conmebol (máximo organismo del fútbol sudamericano) que se le otorgara el título de campeón de la Sudamericana al Associaҫão Chapecoense de Futebol.
Quizá el trofeo no parezca mucho al lado de lo que deben estar viviendo, pero servirá para recordarle a la gente de Chapecó las tantas alegrías que su equipo de fútbol les ha dado en los último años, y que precisamente se dirigían para darles una más, la más grande, quizá.
El hashtag del título no surgió tras el choque, sino que era parte de la campaña del club para promocionar la Final. Era el título de un spot en el que se mostraban las imágenes más emotivas de una afición que ha cambiado recientemente las lágrimas de alegría por las de duelo. Tal spot termina con la frase: “juntos somos más que 11”.
¿Qué más podemos decirle a quienes sufrieron directamente esta tragedia? Solo se me ocurren, precisamente, esas palabras: “juntos somos mais de 11”.

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