Considero muy importante entender realmente lo que está sucediendo en Guatemala, con más intensidad en estas últimas tres semanas.  Me refiero a las marchas, manifestaciones, protestas o como quiera que se le llame a ese desorden anárquico que hemos tenido que soportar, gracias a la casi nula institucionalidad con la que vivimos.

Empecemos por entender que los organizadores de esto no son más que vividores de la conflictividad.  No tienen ideología, no tienen interés en la gente que dicen defender.  Tampoco tienen principios ni valores aceptados como correctos y hasta nobles, por la mayoría de guatemaltecos.

Tampoco les interesa si la energía eléctrica es producida con petróleo, gas, agua o lo que sea, ni si una es más limpia y más barata que la otra.  Tampoco les interesa la salud de la población ni la educación de los niños.

Hemos leído infinidad de comentarios, todos sumamente valiosos, que detallan con certeza el por qué es mejor la energía hidroeléctrica que otras, con todos sus beneficios y bondades y las nulas consecuencias negativas que tiene para las comunidades aledañas y para el país. También hemos visto datos de cómo se ha ido reduciendo el precio de la energía a lo largo de los años, gracias a la abundante inversión que hubo (ya no la hay), no solo en hidro sino en otras formas de generación.

Entonces, ¿qué les interesa a estos grupos, con nombres tan diversos que han logrado una gran cantidad de combinaciones de las letras del abecedario? Es simple: dinero.  Punto. Pero no para “la gente” ni para “las comunidades”,  sino para sus dirigentes.  Es allí donde entra en acción la muy “bondadosa” cooperación internacional, que cree saber qué es lo mejor para nosotros.

Nunca habrá solución dialogada en esto, pues hay una batalla en dos idiomas.  Está la razón versus la ideología.  O la ideología de derecha, que utiliza la razón, versus la ideología de izquierda, que utiliza la manipulación de emociones para lograr sus objetivos (dinero, siempre).

La derecha ideológica ha dado muchísimas razones, explicaciones, datos, ejemplos, de todo, para demostrar las bondades de la energía hidroeléctrica.  La izquierda ideológica utiliza, cual esclavos, a la “gente” que no tiene nada, les paga cien o doscientos quetzales y un almuerzo, los acarrea por las calles y carreteras y grita sus demandas.  No hay razones y sus argumentos no soportan un minuto de discusión (como lo vimos en sendas entrevistas por televisión).  Lo único que saben hacer es manipular y gritar, y acusar a quienes nos oponemos a esto, de oligarcas, de tener tomado el país para nuestro propio beneficio, de manipular el sistema a nuestro favor.  Como escribió Fritz Thomas, “¿Quién realmente manipula y controla, que tiene parados miles de millones de quetzales en inversiones que ya fueron hechas o están a medio río?”

Es imposible llegar a acuerdos cuando hablamos idiomas diferentes.  Y más aún, cuando las demandas de quienes protestan son totalmente ilegítimas.  El nombre de su juego es dinero, siempre.  Si les interesara “la gente”, ya la habrían sacado de la pobreza, utilizando esos millones que reciben.

Es una esclavitud moderna.  Al mantener este desorden, nadie llegará allí con una inversión para generar empleos y desarrollo. Como consecuencia, las personas se mantienen pobres, viviendo en la miseria, y aceptarán los Q200 y un almuerzo, pues ese dinero les representará la comida de su familia por algunos días.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo