Sigo consternada y con un nudo en el alma por lo ocurrido el 8 de marzo en el “Hogar Seguro” Virgen de la Asunción. (Entre comillas porque de seguro, NADA) Seguramente todos vamos a llevar dentro del corazón presente esta tragedia, ¿Y cuántas más?

Si una muerte se lamenta y estruja lo más profundo de nuestro ser, ¿cómo se pueden afrontar 37? Todas ellas con sueños, con ganas de salir del abismo en el que estaban metidas, con tantas cosas por vivir, por soñar. Y creo que eso es lo peor. Fueron retiradas de sus hogares por tener historias fuertes, porque nadie quiso tratar de comprenderlas en su etapa de “rebeldía”, porque no valoraron sus vidas o por alguna confusión. Desde allí ya les estaban cortando los sueños, las ganas de sentirse capases de hacer lo que se les viniera a la mente. Les hicieron creer, de todas las maneras posibles que no eran personas, sino que eran problemas. Y sí, creo firmemente que junto a las vidas de esas niñas también se murieron sueños. ¿Qué clase de sociedad somos? Si ni siquiera podemos proteger a los más vulnerables. Es en la niñez, en los jóvenes, donde está la esperanza de que nuestro presente puede/debe cambiar. 

Situaciones de abuso, de todo tipo, se viven en muchas organizaciones públicas y no podemos permitir que tragedias como esta se vuelvan a repetir. No podemos actuar solamente cuando hay un detonante, debemos hacerlo siempre, mejorando de a pocos.

Muchos han utilizado el hashtag #FueelEstado, y sí toda la razón. Fuimos nosotros, y lo digo así porque dentro de una definición de Estado se explica que está conformado por: territorio, población y poder. Y normalmente confundimos que el Estado solamente lo conforman los tres poderes y por ende ante cualquier dificultad nos quitamos nuestra parte de responsabilidad en la indiferencia. Y conste que no estoy defendiendo la gestión del actual presidente, Jimmy Morales. Solo digo, que el Estado es una fuerza que no es exclusiva del Gobierno. Los pasos que de un país es un conjunto de esfuerzos y aunque utópica, tengo la esperanza de ver algún día a Guatemala así, luchando por todos y no contra todos.

Se nos murieron 37, escribimos otra vez con tragedia nuestra historia. Pero que este sea un antes y un después, uno donde no perdimos el tiempo buscando culpables. Que lo que venga ahora sea una lucha constante por todos los sueños que quedan, en honor de aquellos que murieron el 8 de marzo. Que no existan más excusas de hacernos los ciegos y los sordos. Que dejemos la comodidad de protestar desde un teléfono y protestemos haciendo el cambio.  Detengamos la indiferencia involucrándonos y haciendo la diferencia en todo lo que tanto repudiamos. Por ellas, por las 37 que nos faltan, por todos los que vendrán, para que no se repita jamás su historia.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo