“Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes”.

– Khalil Gibran  (1883-1931) Ensayista, novelista y poeta libanés.

Ha’Tikvah significa “la esperanza”. Este es el nombre del himno nacional del Estado de Israel. Su letra fue adaptada del poema escrito por el ukranio Naftali Herz Imber, quien escribió el texto original en 1878 y luego fue adoptado como himno del Primer Congreso Sionista en 1897, 51 años antes de la creación del Estado de Israel. El Ha’Tikvah fue cantado en 1944 de forma espontánea por los judíos checos cuando entraban en las cámaras de gas de Auschwitz-Birkenau, un campo Nazi de concentración y de exterminación en donde fueron asesinados un millón de judíos.  Este campo fue responsable de la muerte de uno de cada seis judíos que fueron exterminados en el Holocausto.

El texto del himno de independencia de Israel es corto, pero profundo.  Lee así: “Mientras en lo profundo del corazón palpite un alma judía, y dirigiéndose hacia Oriente, un ojo aviste a Sion, no se habrá perdido nuestra esperanza; la esperanza de dos mil años, de ser un pueblo libre en nuestra tierra: la tierra de Sión y Jerusalem”. Las palabras y linda melodía de este himno son impactantes y resaltan la fe de regresar a su patria que el pueblo judío mantuvo durante milenios: de una manera poderosa el Ha’Tikvah le habla al alma humana para que recuerde sus sueños, anhelos y determinación. Para los judíos en todo el mundo escuchar y cantar el Ha’Tikvah provee un emotivo sentimiento de esperanza y aún en momentos en que todo está perdido, como cuando los judíos checos entraban al lugar en donde sabían que tendrían una muerte segura, el Ha’Tikvah llena el alma humana de esperanza.

Estamos viviendo tiempos complejos en Guatemala. La horrenda muerte de 40 niñas y adolescentes en el Hogar Virgen de la Asunción nos ha sensibilizado y nos ha puesto muchas cosas en perspectivas. Por otro lado, la semana pasada tuvimos días de marchas y manifestaciones que independiente de su objetivo ideológico, causaron muchas opiniones encontradas en la población. La terrible situación del sistema educativo hace difícil creer que nuestro país pueda alguna vez ambicionar a vivir en paz y sus ciudadanos a aspirar una vida más próspera. La economía parece suspendida en el tiempo afectando a miles de guatemaltecos que no logran cubrir siquiera los gastos para su subsistencia. Para seguir enumerando nuestras dificultades me faltaría papel, pero quejarnos no las resolverá.

¿Tenemos esperanza?  ¿O la hemos perdido?  Veo muchos guatemaltecos ansiosos de mejorar las condiciones en las que vivimos. Somos muchos quienes trabajamos por un mejor sistema educativo, un eficiente sistema de salud, mejor nutrición para nuestros niños y ciudadanos, condiciones laborales dignas, libertad en la acción humana. Seguramente muchas iniciativas no rendirán los resultados que se han trazado y muchas fracasen. Pero dentro de esos fracasos, algunas alcanzarán el impacto deseado.

Me llena de esperanza saber que hay muchos ciudadanos que trabajan por un mejor país. Me siento optimista al ver la unidad formada por guatemaltecos y extranjeros para atender una tragedia humana – como la del Hogar Virgen de la Asunción – la cual nunca debió haber sucedido. Me enorgullece leer del reconocimiento al Dr. Richard Hansen por su trabajo en el Parque Nacional El Mirador, no por el reconocimiento en sí a este distinguido arqueólogo, sino por su visionario aporte al país y al mundo. Me llena ver como continuamos con nuestras tradiciones que nos han caracterizado, como las procesiones que dan el olor venidero a la Semana Santa. Es innegable que estamos viviendo momentos de crisis, tragedias inauditas y muchas tensiones. Pero mientras haya guatemaltecos deseosos y trabajando por vivir en un mejor país, Guatemala mantendrá su nombre inmortal.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo