Damasco, Siria | AFP |

Iniciada hace seis años, la revuelta en Siria contra el régimen de Bashar al Asad se transformó en una devastadora guerra que ha dejado más de 320.000 muertos, cerca de la mitad de la población desarraigada y un país en ruinas.

Víctimas

El Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), que dispone de una vasta red de informantes en el terreno, ha contabilizado 321.358 muertos. Entre ellos más de 96.000 civiles, incluyendo 17.000 niños.

El país contaba con unos 23 millones de habitantes antes del conflicto. La mitad de la población se vio obligada a dejar sus hogares por la guerra. Dentro del país hay unos 6,6 millones de desplazados.

Según la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur), 4,7 millones de personas se encuentran en zonas difíciles de acceso y en ciudades sitiadas.

Refugiados

La guerra ha obligado a 4,9 millones de personas a huir del país, según datos de Acnur del mes de febrero.

Turquía se ha convertido en el principal lugar de asilo de los refugiados, con 2,9 millones de sirios registrados por la agencia de la ONU.

En El Líbano Acnur registró un millón de personas, aunque una fuente gubernamental asegura que son más de 1,5 millones.  En Jordania la agencia contabilizó a 630.000 pero las autoridades de ese país dicen que son 1,4 millones.

Además hay alrededor de 225.000 sirios en Irak y 137.000 en Egipto.

Según Acnur un 90% de los refugiados sirios vive bajo del umbral de pobreza y al menos 10% está onsiderado como “extremadamente vulnerable”.

Encarcelados y torturados

El 7 de febrero de 2017, Amnistía Internacional acusó al régimen de Asad de haber ahorcado a unas 13.000 en cinco años, entre 2011 y 2015, en la tristemente célebre prisión de Saydnaya, cerca de Damasco, y denunció una “política de exterminio”.

La organización apunta que a estas ejecuciones se agregan unas 17.700 personas muertas en las mazmorras del régimen, una cifra ya contabilizada anteriormente por Amnistía.

Según el OSDH al menos 60.000 personas murieron en seis años, torturadas o por las terribles condiciones de detención en las prisiones del régimen. Desde que comenzó el conflicto 500.000 personas transitaron por las cárceles del régimen, según el OSDH.

Además, según el Observatorio, “varias miles” de personas murieron en las prisiones de los grupos rebeldes y yihadistas.

Investigadores de la ONU acusaron en febrero de 2016 al régimen de Damasco por el “exterminio” de los detenidos, afirmando que las muertes masivas de prisioneros son el resultado de una “política de Estado”.

Economía moribunda

Según los expertos, el conflicto ha dañado la economía al punto de hacerla retroceder al nivel que tenía hace tres

décadas, privándola de casi todos sus ingresos, con la destrucción de la mayoría de las infraestructuras.

El sistema de educación y el de salud están en ruinas.

En 2015, una coalición de 130 oenegés denunciaron que Siria subsiste casi sin electricidad, ya que el 83% de la red eléctrica ha sido destruida.

Más del 80% de la población vive por debajo del umbral de pobreza según un estudio publicado en abril de 2016 por la ONU y la universidad de Saint Andrews (Escocia). El estudio señala igualmente que la economía se contrajo un 55% entre 2010 y 2015.

2011, revuelta y represión

Desde la represión sangrienta de manifestaciones prodemocráticas hasta la implicación de grupos yihadistas y la intervención de potencias internacionales, éstas son las diez grandes etapas de la guerra que ha dejado más de 320.000 muertos en Siria durante los últimos seis años.

El 15 de marzo de 2011, comenzaron unas protestas sin precedentes en el país, gobernado con mano de hierro desde hace 40 años por la familia Asad.

Tras un llamamiento a manifestarse para “una Siria sin tiranía, sin ley de urgencia [desde 1963] y sin tribunales de excepción”, pequeñas protestas tienen lugar en Damasco antes de que el régimen las reprima con violencia.

El movimiento cobró fuerza en Deraa, al sur de Damasco, tras el arresto y la tortura de estudiantes sospechosos de haber escrito lemas contra el Gobierno en las paredes de la ciudad.

En abril, la contestación se radicalizó con llamadas a la caída del régimen, y se expandió geográficamente.

En julio, un coronel refugiado en Turquía anunció la creación del Ejército Sirio Libre (ESL), compuesto por civiles que se unieron a la rebelión y dirigido por desertores. Varios grupos islamistas se sumaron a la rebelión.

La aviación, mayor baza del régimen

El 1 de marzo de 2012 en Homs (centro), el ejército sirio retomó el control del barrio de Baba Amr tras un mes de asedio. También llevó a cabo varias operaciones sangrientas, sobre todo en Hama (centro), tras inmensas manifestaciones contra el régimen.

El 17 de julio, el ESL lanzó la batalla de Damasco. El Gobierno logró conservar el control de la capital, pero los rebeldes conquistaron algunas zonas de las afueras.

A partir de 2013, los helicópteros del régimen comenzaron a arrojar barriles llenos de explosivos sobre los sectores rebeldes.

Intervención de Hezbolá

Desde abril de 2013, el líder del movimiento islamista libanés Hezbolá, aliado de Irán, reconoció que intervenía en Siria para ayudar a los soldados del régimen. El Irán chiita es el mayor aliado regional de Bashar al Asad.

2013, armas químicas

El 21 de agosto, un ataque con gas sarín contra dos zonas controladas por los rebeldes cerca de Damasco deja cientos de muertos.

Estados Unidos, que calcula que murieron al menos 1.429 personas, entre ellas 426 niños, acusan al régimen.

En septiembre, un acuerdo entre Moscú, aliado de Asad, y Washington sobre el desmantelamiento del arsenal químico sirio evita que Estados Unidos bombardee posiciones del ejército de Damasco.

2014, auge yihadista

El grupo yihadista Estado Islámico (EI) conquistó extensas regiones del noreste de Siria y convirtió Raqa en su bastión.

Organizaciones yihadistas como el Frente al Nosra, que cambió luego su nombre a Fateh al Cham, habían afianzado su presencia en el norte del país a partir de 2013.

Bombardeos internacionales

El 23 de septiembre de 2014, una coalición internacional liderada por Estados Unidos empezó a bombardear posiciones de grupos yihadistas, como el EI y también el Frente al Nusra, filial siria de Al Qaida.

Los kurdos de Siria, que habían instalado una administración autónoma en el norte del país en 2013, arrebataron zonas claves al EI, incluida la ciudad de Kobane, en 2015, con la ayuda de esa coalición internacional.

Moscú, al rescate de Asad

El 30 de septiembre de 2015, Rusia emprendió una campaña de bombardeos con el fin, según Moscú, de atacar a grupos “terroristas” como el EI. Pero los rebeldes y los occidentales acusaron a la aviación rusa de golpear sobre todo a los grupos rebeldes moderados.

Esos bombardeos ayudaron al régimen, que entonces estaba en una situación muy desfavorable, a recuperar terreno ante los rebeldes.

Intervención turca

El 24 de agosto de 2016, Turquía, que apoya a la rebelión, lanzó una operación al otro lado de su frontera para expulsar al EI y también a las milicias kurdas instaladas en la región.

Reconquista de Alepo

El 22 de diciembre de 2016, tras un largo asedio de los barrios rebeldes de Alepo y una ofensiva devastadora, el régimen retomó el control total de la segunda ciudad del país. Miles de rebeldes y de civiles fueron evacuados gracias a un acuerdo patrocinado por Irán, Rusia y Turquía.

El 30 de diciembre, entró en vigor un alto el fuego tras un acuerdo entre Rusia y Turquía.

El EI bajo presión

Desde noviembre de 2016, Raqa, el principal feudo del EI en Siria, es el blanco de una ofensiva de una alianza árabe-kurdo, las llamadas Fuerzas Democráticas Sirias (FDS).

Turquía, que se opone a los kurdos, se niega a que la reconquista de Raqa se deje en manos de las FDS