Hace algunos años tuve la oportunidad de asistir a capacitaciones sobre Adolescentes en Conflicto con la Ley Penal, y ahí aprendí que la dificultad existente es consecuencia de un claro descuido de un sistema, que día a día se ha convertido en una bomba de tiempo.

Creo que a todo lo que ha sucedido, muchos se preguntan ¿de quién es la culpa?, pero más allá de encontrar a los responsables, desde ya las autoridades deben ir pensando en que son niños y jóvenes los afectados, y que esta es una llamada para actuar con urgencia del Estado a sus organismos.

Y es que lo que pasa en esta sociedad es consecuencia de una problemática con responsabilidad directa de los gobernantes, que  se ha dejado al tiempo sin saber cómo responder a la misma, porque ahora lo que se necesita es un verdadero sistema de reinserción social, y eso hoy, no existe.

Más que culpar, creo que como sociedad tenemos el compromiso para empezar a exigir y a la vez proponer soluciones, porque de seguir así no se augura un futuro próspero para el país.

¿Qué hacer? es un pregunta tan compleja de responder, porque creo que tendríamos que empezar por rehacer el Estado, es decir cambiar a la clase política y dejarnos de llevar por espejitos y empezar a ser críticos con aquellos que quieren administrarnos,  y dejarles claro que no queremos  más demagogia sino propuestas concretas que den soluciones.

Por eso es que debemos exigir administradores valientes e inteligentes, que puedan lidiar con estos problemas y sobre todo que sean honorables, y respondan a un interés de nación y no personal como tantas veces sucede en las instituciones del Estado.

El tema de la juventud en Guatemala como ha quedado evidenciado en los últimos días, es la falta de atención del Estado, que nunca ha buscado como reinsertar a los menores que entran en Conflicto con la Ley, es decir solo se enfocan en recibirlos pero no en buscar alternativas para que regresen a la sociedad y sean productivos.

Yo  al contrario de muchas personas, que parecen desconocer la Ley, no creo que culpar a los jóvenes sea la solución, porque que en muchas ocasiones ellos vienen de hogares desintegrados muchas veces porque los padres en busca de un futuro mejor para sus hijos sacrifican tiempo de calidad, y es en esa desatención en donde el crimen organizado aprovecha para cooptarlos y utilizarlos.

Si bien han cometido delitos, es evidente que culparnos jamás será una solución efectiva eso es lo que nuestras autoridades deben tener en claro, porque se necesitan planes de respuesta estratégicos acompañados de programas efectivos que permitan que los jóvenes re reencaucen.

Porque de hacer lo contrario, la desatención a la juventud continuará dejando efectos como lo ocurrido en el Centro Juvenil de Privación  de Libertad Etapa II, entre otros que seguro continuarán sino se buscan soluciones concretas.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo