En Guatemala hemos tenido unas cuantas semanas intensas en cuanto a tragedias se refiere. El Hogar Virgen de la Asunción, el arma llevada a un colegio privado de la capital, el motín de la correccional Etapa 2, y esperemos que ahí pare de contar. Muchas cosas se han dicho en los últimos días sobre todas estas tragedias, algunas acertadas y otras no tanto, y llega un punto en el que no se sabe si es culpa de los medios o culpa de la manera en la que consumimos la información, probablemente sea un poco de ambos.

En el primer caso, cuando se dio a conocer lo ocurrido en el Hogar Virgen de la Asunción, no tardaron en aparecer en las redes fotos de los cuerpos calcinados de las víctimas, videos de las menores llorando y dando explicaciones de lo que había pasado, entrevistas en donde se ven claramente, sin estar distorsionados, los rostros de las víctimas. Esto está mal en tantos niveles, hemos perdido cualquier tipo de sensibilidad con las víctimas de las tragedias, nos puede más el morbo que el bien de los que han sufrido. Consumimos las tragedias como si fueran un espectáculo, una especie de entretenimiento que además tiene la ventaja de hacernos sentir compasión o enojo o cualquier otro mal-dirigido sentimiento social que nos calma las conciencias. Ni decir del poco cuidado que se tiene en los medios con la protección del menor, más aún si son víctimas y han sufrido un trauma, son situaciones de ruptura interior en las que hay estrés y angustia. La manera en la que se “informa” de los sucesos carece muchas veces del debido respeto a las personas y no se preocupa por lo que una entrevista o presión por parte del periodista o del espectador pueda reactivar la situación de trauma.

Del segundo suceso, un menor que llevó una pistola al colegio, me dio vergüenza que por numerosos grupos de Whatsapp y Facebook circulara la foto y el nombre completo del menor. Esto es desalmado y tonto, sin importar cuáles sean los otros intereses por los que pudiera estar motivado (suponiendo que hubieran otros intereses más allá del morbo y del deseo de la turba de linchar al culpable). La igualdad constitucional exige tratar de una manera desigual a los desiguales. Los menores son vulnerables y pueden cometer acciones sin ser conscientes de las consecuencias que puedan tener, acciones por las cuales su futuro puede cerrarse. Por eso, al momento de informar sobre estos sucesos, primará el interés superior de los menores sobre cualquier otro interés legítimo que pueda concurrir. Interés que claramente no se está respetando cuando su foto circula, acosadora, por todo el ciberespacio. Y eso sin mencionar el entorpecimiento de la investigación que puede provocar.

Finalmente, y para cerrar con broche de oro, en la cobertura del motín de la correccional Etapa 2, un medio nacional publicó una serie de clips informativos en donde se escuchan tiros y gritos, se ven a los internos (rostros perfectamente visibles, valga madre la reinserción) corriendo por los tejados mientras, y no es broma, suena de fondo una música de película thriller que eleva la tensión y nos hace presenciar la cotidianeidad de nuestro país como si fuera la batalla por la Tierra Media en el Señor de los Anillos. Adiós a la sobriedad narrativa, hemos perdido el carácter informativo del hecho para pasar a convertir nuestra realidad en un espectáculo.

 

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