Por Mario Grajeda

Parece que nos remontamos a las épocas pasadas, años setenta, ochenta, noventa, donde algunos grupúsculos estaban dando sus demostraciones de fuerza a los gobiernos de ese período, con el fin de tomar el poder a través de las armas. Lo cual,   gracias a Dios y a nuestro Ejército,  no fue logrado.

Estos grupos midieron sus fuerzas,  asesinando policías, militares, comisionados militares, embajadores, empresarios, funcionarios, catedráticos, etc.

La historia parece repetirse y,  ojo,  no cambian los sistemas de ataque, no cambia en nada la estrategia: provocar miedo y terror a base de asesinatos, secuestros y extorsiones.

Esta semana vivimos en carne propia este tipo de ataque malévolo a mansalva.  Varios elementos de la Policía Nacional Civil fueron acribillados a balazos y otros fueron heridos, en sus propias sedes.

Esta demostración de fuerza, a mi criterio, evidenció algunas carencias, si así las queremos llamar.

1.      La deficiencia de una Policía Nacional Civil (PNC) para combatir el crimen organizado.  No existe poder de reacción.  Los elementos de la PCN no están capacitados ni entrenados para este tipo de violencia. El ingenuo policía que cree que jamás será atacado, por el hecho de ser autoridad. En su mayoría no vuelven a la academia en los diez o veinte años de carrera. Algunos sobresalen cuando se les da la oportunidad pues tienen el deseo de capacitarse y especializarse.  El resto son mortales.

2.      No existe una agencia de inteligencia adecuada, responsable, técnica ni encubierta, y si es que la poseen, aparentemente, no está funcionando como debiera.  Las experiencias de estas agencias de inteligencia nos muestran que hay que tener espías, infiltrados, informantes serios, que nos trasladen información que, de otra manera, no podría obtenerse. Un método que nos alerte para evitar, al mínimo,  este tipo de ataques. Me atrevería a decir que los mareros sí la tienen dentro de la PNC.

3.      El día de los traslados de los jefes de las clicas de la mara 18, se escuchó,  en una alerta temprana, que probablemente se estarían dando estas ofensivas. .

4.      La fuerza policial cuenta con treinta y cinco mil elementos, pero, sin   liderazgo, medio organizados, medio entrenados, que podemos esperar.

Existe malestar en la institución, pues los mismos agentes y comisarios se quejan que los civiles quieren llegar a enseñarles su trabajo. Con todo la razón, hoy por hoy tienen, nuevamente, un Ministro de Gobernación que no nace dentro de las filas de la institución. Un ministro civil, le llaman ellos, que nada tiene que ver con la PNC.

Una maestría por aquí o por allá, el técnico que nace en el Ministerio Público y luego llega a un Ministerio de Gobernación, no se compara con los diez, veinte o treinta años de una carrera policial. Háganme el favor.

5.      La moral de la PNC, esta por los suelos.  Los delincuentes, los jueces, el Ministerio Público, los Derechos Humanos, los tienen de rodillas.  ¿Quién de estos agentes de la  PNC se quiere atrever a combatir el crimen organizado? No existe una certeza de en la aplicación de las leyes. Mareros que son capturados  y a las dos horas liberados por falta de pruebas.  Los jueces aducen que los entes del Ministerio Público no presentaron pruebas fehacientes.  Pero,  el que puso la cara, el que hizo el esfuerzo de captura, arriesgó su vida, dejo a su familia en la pobreza, etc.,   fue el policía.  Y, ahora, la pregunta del millón: ¿Qué hacemos? .

Se los dejo a ustedes mis queridos lectores.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo