FCN-Nación, el partido de gobierno, está sufriendo las consecuencias de sus malas decisiones, como haber aceptado tránsfugas, extorsionar a sus propios ministros y gobernadores, además de tener una agenda particular y no una legislativa consistente. También evidencia conflictos internos y una lucha de poder que arrastra desde problemas del financiamiento electoral hasta mentiras de toda índole.

Las tramas de realidad se construyen en consenso, es decir, requiere la aceptación de una idea por la mayoría de las personas que la toman como un hecho. Por ello, como actor social hay que recordar lo que planteaba Nietzche –de todo hay que dudar– porque podría ser que lo que a veces aceptamos como realidad es la mayor mentira de la historia. En ese sentido todo cabe en lo posible, la verdad puede ser una realidad que ni siquiera imaginamos.

La fórmula de la verdad, según Niestzche es algo así como la relación entre el lenguaje y las creencias, pues a veces las construcciones de la verdad son el resultado de un pacto para acordar algo como verdadero cuando en realidad es falso.

El partido oficial FCN-Nación es un barco sin rumbo y a la deriva, que enfrenta serias complicaciones políticas, como ser el primer partido oficial o de gobierno en ser cancelado en la historia de Guatemala, gracias a un tema de financiamiento electoral con cuentas opaca y poco claras, o que su fundador Edgar Ovalle sea perseguido por la justicia, y por un capital político infestado de tránsfugas que son el resultado del reciclaje de partidos políticos como el PP y Líder, entre otros que gozan de una marcada impopularidad. Que el partido oficial sea cancelado sería devastador en el Congreso de la República, pues perdería las presidencias de las comisiones de trabajo, pero sobre todo debe considerarse que el impacto más fuerte se daría al fragmentar el bloque de 37 diputados que hoy representa la bancada mayoritaria, aunque sea de forma artificial.

Al menos 20 de sus diputados han sido o son investigados por supuestos hechos al margen de la ley, además de ser una bancada indisciplinada por la disputa interna de poder, sus acciones no son colegiadas sino coyunturales, lo cual es razonable porque nunca existió la institucionalidad partidaria, además de que no han logrado posicionar ningún mensaje de agenda, tal vez porque no la tienen. Su visión es totalmente desconocida, y no hay resultados a la vista, solo resuena un discurso que con lenguaje retórico habla sobre sus creencias sobre política, aunque con su propia agenda.

FCN-Nación es una historia que se cuenta sola, y es que el mayor desgaste del presidente Jimmy Morales viene del Congreso, específicamente de su bancada donde no se puede sostener un mensaje rector que guíe la planificación, la agenda y las acciones legislativas, pues las Reformas Constitucionales terminaron siendo una riña contra la Cicig, que generó antagonismo, pero que resultó en una movida para evadir la responsabilidad de aprobarla o rechazarla, lo cual debió haber sido algo claro y contundente.

La historia del partido oficial está llena de contradicciones verbales, es algo así como la frase “Sí pero no”, es decir está lleno de medias verdades que buscan establecer la realidad en la mentira. FCN-Nación era un partido político no tradicional, eso es una realidad, pero es una mentira que era la solución. Dijeron que no aceptarían tránsfugas y lo hicieron, afirmaron que impulsarían la agenda de la ciudadanía en temas como la reforma a la Constitución y lo abandonaron, el señor presidente Jimmy Morales remató el conflicto diciendo: “Como presidente puedo destituir a el comisionado de Cicig Iván Velásquez”, eso no es exactamente así, pero lo que dejó en evidencia es que hay una brecha grandísima entre el discurso y la acción política. La comunicación política de la bancada está descontrolada y desbordada, sin dirección, no tiene planificación y ese es el motivo por el que no pueden presentar resultados concretos.

Al señor presidente le podría estar pasando lo mismo que a Otto Pérez Molina, pues no logra decodificar e interpretar las señales políticas del gobierno de los Estados Unidos, como cuando Pérez Molina no logró descifrar que el tema de la “Despenalización de la droga” era políticamente incorrecto, más aún cuando la realidad es que nosotros ponemos los muertos en esa guerra. El exmandatario debió preguntarse en aquel entonces, cuál era la estrategia concreta, y a esta distancia en el tiempo podemos decir que ninguna, porque fue una jugada para lograr posicionamiento a nivel mundial. Otra señal clara fue cuando el último embajador de los Estados Unidos, Arnold Chacón, dejó la embajada y esta pasó más de 80 días sin nuncio, !perdón!, pero no fue casualidad. El expresidente no supo interpretar, lo mismo pasó cuando se negaba a firmar la prórroga de la Cicig en el año 2015, tuvo que pasar el caso “La Línea” para que se firmara esa prórroga, es decir, que fue condicionado.

Jimmy Morales es una buena persona, agradable, pero necesita profundizar su olfato político y lograr comunicarse mejor en todos los niveles, pues el ya superó la etapa del “querer” comunicarse a “tener” que comunicarse de una forma efectiva.

Ojalá que el señor presidente pueda comprender que generar un antagonismo con la Cicig le puede traer grandes problemas y que lleva todas las de perder, pues pareciera que su distanciamiento con esa entidad, pero sobre todo con Iván Velásquez, es algo más personal que institucional, y no debería ceder a la tentación de concentrar su energía en algo que le generará un desgaste innecesario y que solamente lo convertirá en una persona cada vez más impopular. Además, debe ver que está luchando por las causas de otros que han aprovechado un conjunto de situaciones para mal aconsejarlo. Por su parte, el senador demócrata Patrick Leahy ha subido el tono de su queja en el Senado de los Estados Unidos, algo que también le pasó al expresidente Otto Pérez Molina por la disputa que ambos tuvieron con respecto a la Ley de Acciones Consolidadas que establecía el resarcimiento para los afectados por la construcción de la Hidroeléctrica de Chixoy. En el caso del señor presidente Morales, Leahy ya advirtió sobre el temor que existe que este le dé la espalda a Iván Velásquez y que pida a la ONU su reemplazo, sin lugar a dudas es algo que el presidente debe interpretar y atender concienzudamente.

En definitiva, el presidente no debe luchar por causas perdidas, sino concentrarse en las que tiene mayor opción de ganar, como establecer una agenda mínima de gobierno, e interpretar que los Estados Unidos no pondrá la plata del Plan Alianza para la Prosperidad para los países del triángulo norte, si no existen las garantías y condiciones mínimas de estabilidad política y que el margen de corrupción se minimice para que la clase política no se robe ese dinero.

En un escenario dramático para cualquier presidente y su equipo, la trampa está en no interpretar las señales externas, sino en no interpretar la realidad con base en las mentiras que le dicen al oído.

 

República es ajena a la opinión expresada en este artículo