RIP BATMAN.

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No pensé escribir sobre Batman tan pronto, pero por el reciente fallecimiento de Adam West el 10 de junio de 2017, el Batman de mi juventud, decidí componer un artículo conmemorativo.

Aún recuerdo aquellos días. Encima de mi librería la escultura –un modelo de armar de Revell– de Batman agarrando con su mano derecha la rama del árbol del que se balanceaba hacia adelante mientras se preparaba a lanzar su Batarang con la otra mano. Lo acompañaban un par de murciélagos. Estaba a la siniestra de otra escultura que también consideraba de mis favoritas: Hercules y Lica, de Antonio Canova.

Batman es la creación del artista Bob Kane (1915-1998) y el escritor Bill Finger (1914-1974). Lo inventaron en 1939. Es una amalgama de distintos personajes que lo inspiraron: da Vinci, Zorro (Douglas Fairbanks), Sherlock Holmes, die Fledermaus (el Murciélago o la venganza del Murciélago), el Murciélago, Drácula, La Sombra (the Shadow), Doc Savage, y Spring-Heeled Jack.

De Leonardo Da Vinci tomaron la idea de los inventos, entre ellos la máquina voladora “Ornitóptero”, el tornillo aéreo, y el carro armado. De Zorro, la doble personalidad, la máscara y lo acrobático. De Holmes, la incorruptible racionalidad e increíble habilidad deductiva, su adopción de una actitud firme basada en su juicio, afirmando su conocimiento de lo que es, y actuando en base a ese conocimiento. De die Fledermaus, la opereta de 1874 compuesta por Johann Strauss, Karl Haffner y Richard Geneé, incorporaron la imagen del astuto y elegante aristócrata –Dr Falke– que se disfraza de murciélago. Del Murciélago, una película de 1926, basada en la novela de misterio de Mary Roberts Rinehart –en la que el detective que persigue al misterioso criminal “el Murciélago” (the Bat) resulta ser el asesino mismo– tomaron, además de la identidad, la Batiseñal usada por el criminal en la película para anunciar que alguien sería su próxima víctima. De Drácula, específicamente los filmes de Bela Lugosi, emularon el ambiente y la imagen oscura y misteriosa. De La Sombra, el agente secreto de la Primera Guerra Mundial Kent Allard –creado por Walter Gibson en 1930– aprovecharon lo furtivo y el arte del disfraz. (Batman se encuentra una vez a La Sombra y le dice que él ha sido una de sus principales inspiraciones). De Doc Savage –publicado a partir de 1930 y creación de Lester Dent– el fornido y brillante doctor que se ejercitaba diariamente durante dos horas con los ejercicios de tensión dinámica de Charles Atlas, y cuya aventura inicial se da con Mayas en las selvas de Guatemala, aprovecharon la idea del superhéroe que se desarrolla armónicamente hasta la excelencia mediante el ejercicio físico y el estudio científico. Y finalmente, de Spring-Heeled Jack, la leyenda urbana de 1838, el terror de Londres, descrito y pintado como un hombre de noble cuna disfrazado como enmascarado con alas de murciélago que se movía en la oscuridad de la noche salvando gente, usaron la idea de aterrorizar a los supersticiosos.

El nombre de Bruce vino del patriota escoces Robert Bruce. Y para el apellido Wayne, buscaron un nombre que sugiriera colonialismo, pues debía representar a la alta burguesía. Consideraron Adams, Hancock, y finalmente el de Anthony Wayne.

Al principio Batman era un vigilante sombrío, ominoso y espeluznante para los criminales, que operaba fuera de la ley. Pero al cambiar el clima moral después de 1941, Batman fue incorporado a la policía como miembro honorario. Para alejarlo aún más de la imagen de vigilante, Kane y Finger crearon a Robin. Finger había hecho la observación que Holmes tenía a Watson, lo que le permitía a Conan Doyle crear conversaciones. Cansado de sólo presentar a Batman pensando, insistió en que debían crear un Watson con el que pudiera hablar. Así nació Robin, como un jovencito adoptado por Bruce Wayne, con la idea de que todo niño podría identificarse con Robin, en lugar de tener que esperar a crecer para ser como Batman. Debido a este cambio transformaron el carácter de Batman, volviéndolo más paternal y sonriente.

Aquí creo que se equivocaron, pues yo, siendo niño, siempre me identifiqué más con Batman que con Robin. Quizá por el contexto de mi vida personal. Desarrollé desde muy niño el pensamiento estratégico debido a las lecciones de ajedrez que me diera mi abuelo materno. Este juego fue mi pasión durante mis años escolares, al punto que con mis compañeros hicimos un ajedrez gigante en el patio del colegio. Éste sigue allí, aún después de cincuenta años.
Al cumplir los diez años de edad, mi padre me puso clases de boxeo y lucha greco-romana con mi bien recordado entrenador Roy Walter. Inicié con la gimnasia olímpica a los once bajo la dirección de Herr Müller. A los trece, en 1965 me agregó clases de Karate-Do bajo la instrucción del sensei Joge Sosa y el Maestro Ken-Ei Mabuni. Adicionalmente en 1967 empecé con el curso de Charles Atlas para aumentar mi fuerza. A finales del 67 comencé a levantar pesas en el entonces famoso Gimnasio Esparta, motivado por la película “Don´t Make Wawes” donde vi a Dave Draper, el fornido fisicoculturista. Cambié el Karate-Do por el Kempo bajo la instrucción de los senseis Estuardo y Erik Schumann en 1970. Y principié con la halterofilia en la Federación de Levantamiento de Pesas bajo la instrucción de Sergio Hernández en 1972. Allí conocí a Rolando De León, el múltiple campeón mundial de fuerza en banca, con quien fundamos y dirigimos tiempo después la Federación Nacional de Potencia. Así que, ¿cómo no empatizar con Batman? Después de todo, Bruce Wayne no se convierte en un superhéroe por accidente, sino más bien por pura fuerza de voluntad. Como cualquier humano carece de superpoderes. Es mortal y vulnerable igual que cualquiera de nosotros. Se desarrolla, tanto física como mentalmente, hasta la excelencia. Se convierte en el kalós kagathós –el hombre noble de personalidad armoniosa– el que consigue la armonía de mente sana en cuerpo sano. Par vencer a los criminales tiene que depender de su entrenamiento, su valentía, su inteligencia superior, y su instrumental tecnológico. Y como toda figura heroica literaria, muestra al hombre como puede y debe ser. Pero lo más importante es que nos indica que cualquiera puede ser como Batman si está dispuesto a recorrer el camino.

Adam West dio vida al héroe de las historietas cuando interpretó el papel de Batman en los 120 episodios de la serie de televisión que se presentó en ABC de 1966 a 1968. Hizo de Batman un nombre familiar en todo hogar, y lo rescató de estar al borde de la cancelación en los comics. Lo hizo real para todos nosotros. Su show fue el primero a colores en la televisión, con matices que eran brillantes y afines a los de las tiras cómicas. El primero con una gran cantidad de dispositivos y aparatos, que sólo se habían visto en el cine, en las películas de Bond. De ellos el mejor era el fantástico Batimóvil, ese Lincoln Futura creado por Bill Schmidt, Doug Poole y John Najjar, adaptado por George Barris y Herb Grasse, con un motor Ford FE 390 pulgadas cúbicas, V-8, capaz de correr a 300 kilómetros por hora.

Las escenas de las peleas eran unas absurdas coreografías de ballet, sin violencia real ni sangre. Batman siempre se movía de forma ágil y veloz, flexible y elástico. Siempre en movimiento constante, siempre dinámico –como Muhammad Ali. Porque, después de todo, como decía West, “¡la vida del joven Robin podría estar en peligro!”

Y las caras del peligro eran connotados actores que representaban estos infames papeles: Burgess Meredith, Vincent Price, Joan Collins, Cesar Romero, Frank Gorshin, Tallulah Bankhead, Liberace, Julie Newmar, Lee Meriwether y Eartha Kitt.

De lo mejor que nos dejó el show son las lecciones de vida que nos daba Batman en medio de sus escapadas mientras combatía el crimen. A menudo West, en un monólogo, hablaba sobre la importancia de la ética personal. De cómo los hombres están hechos según un código moral. Y veíamos que él siempre mantenía su código moral, sin importar los intentos de seducción de Gatúbela. Batman insistía en que el crimen no paga.

Mientras nos enseñaba sobre la importancia de combatir el crimen, también le enseñaba a Robin (y a nosotros) sobre la importancia de la gramática. En un capítulo, cuando él y Robin pescaron a Gatúbela y su pandilla con la guardia baja, Robin les informó que no se podrían escapar de Batman “tan fácil”. Batman corrigió a Robin con «fácilmente» antes de explicarle que la gramática correcta es esencial.

En otra ocasión, cuando el Acertijo trató de matar a Robin empujándolo, atado de manos, de un edificio, Batman salvó a su compañero lanzándole la Batisoga e indicándole que la cogiera con sus dientes. Batman haló a su amigo y lo salvó observando que le debía su vida a la higiene dental. «Siempre hay que lavarse los dientes amigos», dijo.

Cuando en medio de una persecución a través de Ciudad Gótica Batman y Robin saltaron al Batimóvil, Batman, antes de arrancar notó que Robin no se había puesto el cinturón de seguridad. Nos explicó entonces a todos, que no importa cuán corta sea la distancia que viajaremos, la seguridad del motorista es imperativa – ¡en una época en la que todavía mucha gente no usaba el cinturón de seguridad!

Y así muchas otras lecciones. El show era un espectáculo para niños, con una buena dosis de humor, que también podían disfrutar los adultos. Educaba e inspiraba a la juventud. Adam West trabajó duro para mantener el estilo y la integridad de Batman, para mantener el misterio y el brillo tras la máscara. Debemos estar agradecidos con Adam West por todos los años que dedicó a llevar la capucha. Será extrañado. Un héroe para muchos. Una leyenda para todos. Un ícono por siempre.